Seguidores

jueves, 5 de septiembre de 2013

Prólogo.

No sabía donde ir, ni siquiera si tenía un sitio al que regresar, pero Allen no hacía más que correr, correr de un lado a otro como si alguien le persiguiese, como si quisieran matarlo, pero era seguro que no siempre podía huir. Llevaba 20 años huyendo de todo, era lo que se consideraba un gran cobarde. Nunca había afrontado las cosas, porque si había problemas siempre huía, nunca había tenido que enfrentarse a algo, en realidad, porque sus padres siempre lo han tenido protegido, hasta ahora. Llevaba unos pantalones vaqueros oscuros, y una sudadera negra con capucha le tapaba el rostro, pero Allen se había cansado de correr, estaba cansado de huir, y paró en seco. Su ropa estaba empapada, ni siquiera había notado que empezó a llover hace rato y tampoco se había dado cuenta de que una chica, de rostro pálido, ojos color bosque y cabello negro le observaba desde hacía rato.

-¿De que huyes?-preguntó ella. Tenía una voz dulce, en un tono bajo pero había algo que demostraba que estaba segura de si misma, segura de que lo hacía allí y de adonde tenía que ir.

-No te interesa.-respondió Allen con voz cortante. No tenía ganas de aguantar a una niña pequeña que a saber que donde vendría y no iba a arreglarle la vida.

Lo que él no sabía cuando la miró, con sus cabellos mojados, sus medias rotas y su camiseta larga era que iba a significar más en su vida de lo que podía creer, esa niña daría un giro de 180º a su forma de ver, siendo capaz de darlo todo por protegerla.


Si lo has leído dale a  por favor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario