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viernes, 15 de agosto de 2014

Ojos tristes.

Dicen que la tristeza es algo que no se ve a simple vista, que necesitas mucha profundidad y que pocas personas son capaces de alcanzar esos niveles. Pero yo, que vivo entre cenizas, entre rostros derruidos, con dolor y con manías, de los colores más fríos; que vivo en lo que la tristeza inunda, cuando todo lo has perdido, cuando ya no queda nada, cuando el frío te ha dormido.
No sé si es porque me he acostumbrado a ver ojos tristes, ojos derruidos, ojos que lloran, que mienten de forma vil, que muestran un dolor infinito; o porque siempre se acompañan de sonrisas falsas, que desgarran las mejillas, que tiran hacia atrás con gancho, que duelen porque no se sienten y mienten.

No sé si será eso, o que será lo ocurrido, pero me he acostumbrado a ver miradas tristes y personas derruidas y, ahora que paseo, están en todos lados.

lunes, 19 de mayo de 2014

Sólo ella.

Es más fácil hablar de ella, que hablar de mí. Más simple decir que ella está cansada, que ella se quiere morir.

A veces, en su interior se encuentra un eterno invierno; a veces quiere llorar pero no puede; a veces quiere gritar pero ya no siente.

Y a veces sufre en silencio, consumiéndose con lentitud; y otras veces se deshace en llanto en las malditas madrugadas de lágrimas saladas y humo de tabaco, sumergida en la oscuridad de su alma, sin retorno.

A veces quiere morir y lo intenta, autodestruyendo su vida, su alma, su cuerpo, su todo; otras veces se da cuenta de que ya está muerta, sólo queda de ella una coraza vacía, que no siente, que no sufre, que ya no piensa, un autómata sin vida ni necesidad.

Las voces nunca callan, siempre se escuchan; susurran, murmuran, hablan, gritan y ella pide, suplica, llora, reza porque se callen, que se está volviendo loca y no es capaz de controlarlo, ya no. Las voces le controlan, le obligan a hacerse daño, a hacerles daño a los demás.

Ella ya no sale, no se mueve de la cama, ya no come, ya no vive, sobrevive día a día, pero no aguanta, es un estado vegetativo constante.

Melodía suicida.

Ella despertó gritando otra vez, entre escalofríos, temblores, nervios y sudores fríos. Las lágrimas vuelven a rodar por sus mejillas por culpa de las pesadillas, ya no puede más.

Enciende un cigarrillo en el balcón, con los ojos inundados de recuerdos, y la boca llena de dolor. Esos labios rotos, cortados, sangrantes de morderlos, de morderse para callar, de sufrir en silencio.

El cigarro entre sus labios rotos, doloridos, expulsando lento el humo que se arremolina entre sus ojos, huyendo por las calles de Florencia. Que los recuerdos vienen hacia ella en lágrimas transformados y brotan en su pecho como si de un mar se tratase, inundándolo todo, sufrimiento eterno.

Se consume su interior más rápido que su cigarro, con el miedo de si acaba el humo, soltara el último suspiro de su alma.
Y el pianista eterno de madrugada, tocando su triste melodía, parece que tocase una nana sólo para ella, como cada noche, cada madrugada que ella pasa despierta, manteniéndola unida  a la vida mediante la triste sinfonía de un pianista suicida.

domingo, 4 de mayo de 2014

Quiero hablar.

Ahora que los versos salen sólo, sin ayuda de un empuje, ni brisas de lágrimas, quiero hablar.
Ahora que mi corazón se destroza, sin temor a quemar las cenizas de un amor, o convertirse en hielo ardiente del infierno, quiero hablar.
Quiero hablar porque me están quemando las palabras, quiero hablar porque estas cicatrices que recorren mi cuerpo arden incesantes y duelen, vaya si duelen, mucho más que las propias heridas me duelen.
Ahora que el ocaso está llegando, que se apagan las luces del día para encenderse la luna, quiero hablar.
Quiero hablar en este crepúsculo espectacular porque ese bosque se siente más frío que de costumbre y mi cama ya no es lo mismo si tú no estás.
Ahora que ya es noche cerrada, que no hay luna que valga, quiero hablar.
Ahora que el cielo está tan negro cómo tu alma, que decidiste matar, quiero hablar.
Quiero hablar de esos besos que me diste, hablar de tus labios en mi cuerpo, semi inerte y casi muerto, cuando aún éramos fuego y hielo, cuando éramos letra y melodía, pasión y poesía. Quiero hablar, ahora quiero hablar de esos días, cuando no había dos, esos días tú y yo éramos uno.

lunes, 28 de abril de 2014

El renacer del fénix.

Ella estaba tumbada, en la cama, rota, destrozada, deshecha en lágrimas. Sólo una sábana cubría su pálido cuerpo, suave, marcado, esas marcas que no afeaban su cuerpo, si no lo transformaban en una obra de arte. 

Siempre pensé que podría recorrer su cuerpo, de lado a lado, beso a beso, cómo si contásemos la longitud de su cuerpo en medidas propias, medidas más bonitas, preciosas.
Un tatuaje en su muñeca, tapando (o no) rastros del pasado, quizás no, quizás es una marca de las que hablamos que hacen más precioso su cuerpo.

Al despertar ella, con sus ojos vidriosos, de tanto llorar, esos ojos azules mar, que deshechos como estaban parecían de cristal; mirarla, como si fuese la primera vez que lo haces, y sonreír, tras darle un beso en los labios como un saludo, una esperanza de que todo irá bien.
Y su sonrisa, aquella perfecta sonrisa, natural como ella, mientras acaricias su costado tatuado, mientras cuentas costilla a costilla su infinito, para después volver a ser un sólo ser, infinito siempre, como el renacer de un fénix.

sábado, 26 de abril de 2014

Recuerdos.

El reloj dio las doce, mientras, en el balcón, ella fumaba un cigarro. Estaba sola, sola con el humo del cigarro y los recuerdos. Esos recuerdos que mantenían su mente despierta, que no le permitían dormir, eran como un grito en carne viva que nadie escucharía jamás, sólo se encontraban en su mente.

Lento, el humo se expulsaba entre sus labios, formando leves figuras blanquecinas, que poco después se desvanecían sin más, mientras, en su mano, un cigarro consumiéndose en ascuas, rojas ascuas incandescentes apagadas al caer, sin más, destinadas a morir en un instante.

Su mirada estaba perdida, en el horizonte oscuro de la noche sin luna, donde ella, fumaba y pensaba, pues no podía hacer otra con sus recuerdos, porque no hay nada que rompa más por dentro que los recuerdos. Esos recuerdos que te impiden dormir, esos recuerdos que te impiden soñar, que sólo te permiten pensar y desgarran el alma, te destrozan desde el interior, transformándote en un montón de cenizas, al igual que un fénix que jamás volverá a renacer.

domingo, 16 de marzo de 2014

Pesadilla.

Tic tac, tic tac, tic tac, suena el reloj, tic tac, tic tac, tic tac, sin parar, sólo se escucha el mecanismo despacio en esta sala oscura donde nadie habla, donde nadie se mueve, todo duerme, o eso parece, tic.

Nada, ¿qué hago aquí? ¿qué hice ayer? ¿qué esta pasando? No puedo ver nada, mi corazón late a velocidad de vértigo, como los colores que pasan por mi visión, rápidos, inexorables, sin patrón alguno. Quiero moverme, pero no puedo, mis pasos son lentos, mis movimientos pesados, ¿qué me pasa? ¿por qué no puedo moverme? En las sombras, algo se mueve ¿quién está ahí? Una luz, una vela, un candil, lo que sea, por favor, una luz que ilumine mi alma, tengo miedo de perderme en la oscuridad, tengo miedo de no saber quien soy nunca más.

Tic tac, tic tac, tic tac, vuelve a sonar el reloj, tic tac, tic tac, tic tac, no me había dado cuenta de que había dejado de sonar, de que el tiempo se había parado, tic tac, tic tac. ¿Era todo una pesadilla? ¿Por fin he vuelto? Mis sábanas están empapadas, mi cuerpo sudoroso, agarrotado, no consigo moverme a pesar de querer hacerlo, mi garganta está seca, pero por fin la luz vuelve a mi alma, no me siento perdida. Tic tac, tic tac, ya sólo se escucha el reloj sonar, tic tac, tic tac, tic tac.

viernes, 14 de marzo de 2014

Ser escritor

Si las palabras te queman en la garganta, como fuego helado del averno, escribelas. Si brotan de tu pecho como mariposas aleteando en un frío invierno por su supervivencia, entonces escribelas. Si la pasión sale de tu cuerpo, incontrolable, como un torbellino insaciable, entonces, debes escribirlas. Si las palabras te aprisionan en el pecho, asfixiándote, sin remedio; si notas que te falta el aire que respiras, si no puedes vivir sin ello, escribe, por favor, escribe tu pasión.

Pero si pasas horas delante de un folio o una pantalla sin escribir, no lo hagas. Si las palabras no brotan de tu interior como manantiales eternos, no lo hagas. Si alguna vez te has quedado sin palabras, sin algo que decir, has perdido tu infinitud, entonces no lo hagas. Si eres incapaz de escribir con los cinco sentidos, no sabes escuchar el viento, no puedes sentir la vida, por favor no escribas. Si no sabes usar el alma en cada verso, cada palabra escrita, cada lágrima derramada en la eterna constancia del tiempo, entonces, por favor, no escribas.

Porque ser escritor implica ser infinito, eterno, conocer los mil y un mundos existentes, sólo conociendo la vida a través de la mirada de un escritor podrás saber lo que es realmente. Y por ultimo, si no estas locamente enamorado, perplejo de pasión, amante infinito de lo que esconde un escrito, entonces de verdad no escribas.

martes, 4 de marzo de 2014

El mundo supralunar de los recuerdos.- Preludio.

Antes, antes de todo, antes incluso de la creación, ya el universo no era como creíamos. Antes del llamado Big Bang, existía una esencia que todo lo ocupaba, donde entidades se movían controlándolo todo, informes, incorpóreos, libres, vagando por aquel vacío. Se llamaban Ypértati, ellos inventaron el idioma del griego antiguo, más anciano que el propio mundo, aunque se creía que fue creado por los griegos, no es así. Ypértati quería decir supremo; esos seres eran, al fin y al cabo, supremos. Así se conocían a los creadores del universo, un universo infínito e íntimo de cada uno, un universo de ideas, de recuerdos, una superficie lisa e impoluta que cada persona decía llenar de recobecos, debía darle forma, un sentido, porque si no, nada podría funcionar.
El universo se creó con el enfrentamiento de los dos Ypértati más poderosos, Thunk y Lenka. La intención no era enfrentarse, no era pelear, simplemente discutieron, pero las discusiones fueron a más y más hasta la liberación de su enérgeia. El contacto de ambas enérgeias creó la explosión que denominamos Big Bang, siendo así la conversión del universo en algo más que un cúlmulo de energía en un punto infinítamente concentrado.
La vida nació durante millones de años, hasta crear lo que ahora somos, pero durante la destrucción de Thunk y Lenka, algo quedó en los seres humanos, en los bosques, en todo lo que estaba vivo, algo de ellos. De ahí nacieron los Imítheous; seres humanos especiales, con enérgeia, capaces de controlar los stoicheía y usarlos a su favor.

sábado, 22 de febrero de 2014

Cry, baby, cry.

Llorar. Llorar hasta quedarte sin lágrimas. Llorar todo el dolor que almacena tu alma, limpiar tu cuerpo con pequeñas gotas internas, y así quedar libre de pesadez, liberar y sentir la libertad...

Ya no puedo llorar. No recuerdo como se llorar, no recuerdo ni siquiera que se siente al llorar de verdad, llorar durante horas, sin descanso, soltar toda la mierda que tienes dentro y poder ser feliz durante un instante, nada. No hay nada, ya no existe, ya no se puede, por mucho que lo intento las lágrimas no acuden, ni un atisbo en un bostezo, ni un recuerdo triste, ni siquiera el dolor es capaz de hacer desahogar el sentimiento. Tan vacía me encuentro por dentro, que ya no recuerdo muchos de los sentidos.

Todo es tan monótono que duele, tan idéntico que ya cuesta hasta respirar. No hay cambios, no hay diferencia, sólo identidad, simple y terrible igualdad diaria.

Other night.

Un, dos, tres, respiras hondo, cuatro, cinco, seis, la cuchilla sobre tu piel, siete, ocho, nueve, aprietas levemente, diez, comienza la autodestrucción. Otra noche más, sientes la sangre correr, otra noche más el dolor se extiende por tu cuerpo sin parar, pero es placer, no es un dolor malo, sino intenso, un dolor que demuestra que estás vivo.

No puedes parar de cortar tu piel, una y otra vez, con un patrón repetitivo, como quien toca un violín. Su cuerpo, el instrumento, su brazo, el mástil, y la cuchilla, su arco. Todo continua de esa manera, mientras se tiñe de rojo todo, pequeñas gotas caen la suelo, manchando la madera de carmesí. Y las sábanas antes blancas, dejaron de serlo hace rato, quizás haya demasiada sangre, quizás te has pasado aunque en el fondo sabes que no, que nunca es suficiente, nunca te pasas, siempre terminas siguiendo un día más.

Aquella noche no sería un excepción.

viernes, 14 de febrero de 2014

Destructiva inocencia.

Un, dos, tres, saca la hoja cortante del papel, cuatro, cinco, seis, acerca la cuchilla a tu piel, siete, ocho, nueve, tu desesperación está llegando a su fin, diez, y cortas, cortas sin pararte a pensar, cortas hasta desaparecer porque hoy la esperanza se ha esfumado de ti, ya no sabes que hacer. 

Duele saber que las burlas, las risas, los comentarios por lo bajo, son por ti. Todo es por ti. Siempre siendo el centro de burlas, el centro de risas, el centro del daño; todos hablan de tu ropa, de tu pelo, se ríen de como hablas, y te dicen gorda, te llaman fea y te insultan sin pensar en el dolor. Llevas años sufriendo diariamente lo mismo, tus padres no te creen, no quieren creer que esos golpes son de verdad, y los profesores no hace nada, sólo miran y te mandan callar o te ridiculizan en clase, haciendo reír a todos.

Has decidido que ya no quieres seguir aquí, no quieres soportar más esta destrucción vital que te arrolla, crees que no puedes seguir más con esto, que ya te ha superado hace tiempo y no, ya no más. Ya no más, porque ya no podrán meterse más contigo, porque ya no vas a ser el centro de atención nunca, porque ellos pagarán con la  culpa de haberte provocado esto. Y lo sabes, por eso haces el corte más profundo que acaba con tu existencia.

Sendero Carmesí.

¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué está pasando? No recuerdo nada.  Y siento frío, mucho frío, ¿por qué tengo tanto frío? Miro mis brazos desnudos, mientras el viento revuelve mi pelo, al mismo tiempo que un fino vestido blanco aletea sobre mis rodillas. Miro al cielo, está nublado, las nubes van y vienen con el viento superponiéndose unas a otras de manera sobre natural, es tan fantástico que no puedo creerlo.

Mis pies están húmedos, hundidos en alguna sustancia extraña, no me atrevo a mirar, porque no recuerdo ni como llegué hasta aquí. Pero todo me fascina, todo lo que mis ojos están viendo es sublime, imposible y perfecto. Comienzo a caminar por aquella sustancia viscosa, esa sensación como si pisara gelatina... Miro mis pies, y sólo veo sangre, un sendero carmesí por el que ando sin camino, sin saber que era mientras un escalofrío recorre mi cuerpo. No, no es frío, ya no es frío, es temor, temor al olvido que me embarga, temor a la amnesia que me arrolla, y ya no sé ni siquiera si sigo viva por lo que caigo al suelo, temblando sin tener ni idea de que hacer, nunca más.

sábado, 8 de febrero de 2014

Esencia de lobo.

Aquella chica camina despacio, pero no demasiado, con la vista al frente, no mira hacia sus lados, siempre parece saber lo que está buscando, y a donde quiere ir, nadie la puede parar.

Tiene la mirada llena de ira, estremecedora, desafiando a todo aquel que la sostenga, fría y cálida a la vez, segura de si misma.

Esa chica tiene los labios finos por arriba y gruesos por abajo, en una mueca desconcertante, casi enseñando los dientes, afilados colmillos que sobresalen, como un depredador dispuesto a atacar.

Esa chica no es quien crees, no te va a ayudar a salvarte, esa chica es un lobo disfrazado de oveja, como en todos los cuentos ocurre con el malo. Tiene en su cuerpo la esencia del lobo.