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lunes, 30 de septiembre de 2013

When the suicide is the only option...

When the suicide is the only option,
tears streaming down your face,
tears fall at the pace blood leaves your veins.

Are you in pain? No, just pleasure.
Do you feel sad? No, because I felt pretty.
?Will you miss? Can you miss what you never had

Your body is cold.
There isn't blood in your veins.
They can never know you did it.

They'll always regret it.
Left on their consciences.
Because they were at fault, it was always them.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Microrrelato: Love and theft.

Él se acercó a ella, fumaba un cigarrillo, le echó el humo del tabaco en la cara. Ella simplemente sonrió, y le besó. Desde ese momento, son felices pero ambos ladrones, porque robaron sonrisas y corazones.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El bosque del retorno.

Helen es una chica bonita, de pequeña estatura, cabellos rubios platinos, ojos verdes esmeraldas y piel blanco impoluto. Pero ella no se ve así, se siente fea, piensa que está maldita porque el verde es el color del diablo. Aún siendo ella misma un reflejo de la propia belleza de la naturaleza, piensa que sus ojos la afeaban, solo porque son de un color maldito. Cada día se traslada al bosque del retorno. No es más que un bosque sagrado, con árboles de verdes hojas, sobra y luz, un espectáculo hermoso que jamás podría evitar mirar; es ahí donde se siente ella misma. Un día, ni siquiera nota aquella nueva presencia en el bosque, no lo ve. Él se acerca por detrás, le agarra por la cintura con delicadeza y susurra en oreja.

-Eres la persona más preciosa que he visto jamás.-dice lentamente, cosquilleando en su oreja, haciendo que sienta escalofríos por la espalda.-¿Quién eres, hermosa dama?

-Y-yo... Yo... Suelteme...-pide susurrando.

-Te soltaré si me dices quien eres.

-Me llamo Helen.

El chico la suelta, Helen despacio da media vuelta para encontrarse cara a cara con un hermoso rostro: pómulos marcados, rasgos afilados, ojos azules, cabellos castaños. Sus ojos conectaros, y momentos en distintas épocas, con distintas ropas, con otros peinados, pero los mismos rostros, el mismo bosque, pasaron por su visión. Algo los une cada vez más, una atracción eléctrica inevitable, como una corriente que empieza en Helen y termina en aquel misterioso chico. Poco a poco se vuelven uno; labios húmedos, como lenguas de fuego paseando una sobre otra, era el destino.

-Tú... Helen... Tú eres la chica que llevo buscando toda mi vida.-murmura el chico casi sin respiración después de aquel beso.

-Tú... Eres John... Te he soñado cada día, hasta que por fin estas aquí.-susurra cerca de sus labios Helen.

Con un beso funden el destino, aquel que siempre les ha traído al bosque, porque han vivido miles de vidas, pero todas ellas las han vivido juntos.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Capítulo 5.-Una razón para vencer

Klaus se había suicidado.

No podía ser, no podía, había algo que tenía que fallar ¿por qué se había suicidado? Él era feliz, entonces ¿por qué había hecho esto? ¿tan malos hemos sido en los malos momentos? ¿no estuvimos con él cuando nos necesitó? Todo eso pasaba por la mente de Lauren en un instante, no podía creerlo, sentía como si su corazón se rompiera en mil pedazos... Su visión estaba borrosa por las lágrimas, pero pudo ver como Allen cogía un papel al lado de la silla. Era color tostado, doblado en varias partes y un motivo curvado. 

-Chicas...-susurró Allen.-Ha dejado una carta.

-Léela.-dijo con voz temblorosa Meredith.

"Queridos Allen, Meredith y Lauren:

Estos meses atrás han sido los mejores de mi existencia, muchas gracias por todo lo que habéis hecho. Habéis traído la felicidad a mi casa cuando pensé que nadie lo conseguiría. Prometo que no he pasado mejores momentos en mi vida que los séis meses desde que os conocí a vosotros, sois lo más parecido a una familia que tengo, aunque no me merezco todo el amor y el cariño que me habéis dado, creo que no he sido lo suficiente bueno con vosotros, o quizás no he aprovechado todo lo que debería de vuestra compañía. Quise pediros que dejarais el trabajo, que era demasiado peligroso para vosotros, pero seguramente no me haríais caso, os sentíais en deuda conmigo cuando nadie está más en deuda con vosotros que yo, que me habéis dado vida. Debéis odiarme ahora mismo, lo sé, os he abandonado, soy un mal padre, pero nada de lo que ha pasado se puede cambiar ahora ni de lo que iba a pasar tampoco. No podía contároslo, ni siquiera yo lo creía, pero hará unos meses atrás me dieron las pruebas del diagnóstico que me hice hacia ocho meses. Tengo cáncer. Un tumor cerebral tipo IV, sin cura posible. No me daban mucho tiempo de vida, unos dos meses más a lo sumo, no quería que me vieseis sufrir y que sufrierais vosotros también por mi culpa, no quería cargar a nadie para cuidar a una persona que se muere lentamente y que no podrá salvarse aunque los médicos lo intenten. Por eso, lo siento muchísimo. Allen, siempre has sido como un hijo para mi, espero que puedas cuidar de Lauren y Meredith ya que yo no estaré para hacerlo; dejé unas cuentas a nombre de cada uno con dinero suficiente para muchos años hasta encontrar un trabajo, ojalá pudierais dejar el mundo de las drogas antes de que sea demasiado tarde, de verdad que lo agradecería. Meredith, por favor, sigue tocando el piano, en el salón dejé el folleto de un buen conservatorio en Berlin, donde me gustaría que estudiaras, todo está listo y hablado, solo necesitan tu matrícula, lo demás está pagado. Lauren, sabes que siempre fuiste mi favorita, perdóname por no haberte contado antes lo del cáncer, pero quería que vivieras tu vida sin preocupaciones, no que estuvieras cuidado a un viejo como yo porque no me quedaba mucho tiempo. De verdad, lo siento.

Ojalá podáis perdonarme algún día, no quise dañaros, nunca lo quise.

Klaus."

Se quedaron en silencio, sin saber que hacer, aquello les venía grande, pero no sabían que decir, tan solo no tenían palabras para lo que se les había venido encima sin quererlo. Cáncer. Esa una palabra que cuesta hasta pensarlo, ya ni te digo pronunciarla, era tan fuerte como cuando un niño pequeño dice una palabra que no debe, te queda grande. Y aquello les quedaba muy grande, tan grande como pequeños se sentían en ese instante, pequeños, perdidos, sin un lugar al que ir. No sabían si podía quedarse, o tendrían que irse para siempre, Klaus no decía nada de aquello. El arrepentimiento les vino encima, la culpabilidad era enorme, ¿por qué no habían notado que se estaba apagando? Se sentían demasiado egoístas como para culpar unos a otros, sólo podían pensar que ojalá pudiesen perdonar todo el dolor que Klaus sentía y que nadie había intentado paliar. Ojalá pudieran, de verdad.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Esos ojos.

Han pasado ¿cuantos? ¿cuarenta? ¿cincuenta años? Pero aún no puedo olvidar aquellos ojos que vi. Era por aquel entonces un joven de dieciséis años cuando me la encontré. Ella era pequeña, bastante atractiva, pero sobretodo, no era real. Su piel era cremosa, muy blanca y totalmente perfecta. Tenía largos cabellos oscuros, y labios carnosos, pero lo que más me llamó la atención en aquel rostro, fueron sus ojos. Unos ojos verdes pero no de un verde esmeralda, sino un verde grisáceo hipnotizante.

Cada atardecer la veía, siempre me quedaba observando a esa pequeña niña de los ojos increíbles. No podía dejar de observarla, aunque cuando oscurecía debía volver a casa. Pero una tarde, no me di cuenta, no hice caso de la poca luz que había, no podía haber evitado lo que ocurrió a continuación. La chica, llamada Elen salió de casa, pero era distinta, sus ojos seguían siendo los mismos, solo que unos colmillos sobresalían levemente de sus labios ente abiertos, y se acercaba a mi, cada vez más rápido. No pude reaccionar, tenía los ojos tan cerca, que cada mota de color pude observar. Vi que sí tenía una marca en su preciosa frente, una especie de quemadura, o quizás una extraña imperfección. Era un vampiro. El instante antes de lanzarse hacia mi cuello, pude ver el cambio de color de sus ojos verdes grisáceos al rojo pálido. Nunca olvidaré ese instante. Jamás he podido olvidar a aquella chica, por muchos años que hayan pasado. Para Elen el tiempo nunca pasa, y nunca jamás la volví a ver desde aquella vez, que me dejó vivir.



Dolor.

A veces duele tanto que mata, a veces duele demasiado lo que ocurre en nuestro interior. Es como intentar que nuestros sentimientos se plasmen en un papel, pero es tan difícil. Lo intentamos, claro que lo hacemos. A través de nuestros relatos ponemos nuestros miedos al descubierto, nuestros sentidos, todo aquello que no podemos decir con palabras, porque eso es lo que mejor palia nuestro dolor. El dolor siempre está ahí; el dolor persistente de no ser libre, de no saber que decir por miedo a que te rechacen, el dolor de no poder gritar al mundo todo lo que piensas porque no es lo que los demás creen. Estamos hablando de un dolor que nos carcome por dentro, pero no solo carcome a los escritores, también a los músicos. Los músicos, con sus hermosas melodías, ellos crean magia. Amamos la música porque es lo único que nos suele mantener vivos. Por eso, es que Los libros y la música deben servir para mantenerte vivo, no para quitarte las ganas de vivir.

Capítulo 4.-Una razón para vencer

Regresaron al anochecer, llevaban toda la tarde (hasta las cinco y media) estaban cansados, pero contentos porque tenían lo más parecido a una familia que nunca había tenido ni Meredith ni Lauren. Todo fue perfecto durante las siguientes semanas e incluso los siguientes meses, pero no todo podía ir perfecto, las cosas comenzaron a cambiar cuando pasaron séis meses. Quizá no hubiesen debido, o quizá era inevitable, pero las drogas los atrapó. Bien era sabido que Klaus consumía de vez en cuando, pero se esperaba que ellos fueran más fuertes. Todo comenzó un día de junio, al final del colegio...

Séis meses adelante, 27 de Junio.

Habían terminado la jornada de ese día, era mucho más fácil vender en verano que en la época escolar. Un compañero camello se les acercó lentamente.

-Hey, chicos.-sonrió de medio lado.-Esta noche damos una fiesta ¿os venís?

-¿Vamos?-preguntó Allen que tenía bastantes ganas de fiestas.

Las chicas asintieron levemente.

-Perfecto, quedamos aquí a las siete.-y desapareció.

Caminaron sin hablar, contando el dinero ganado ese día. Lauren había tenido una gran idea de meter el ácido en los chicles y así eran más fáciles de vender, y luego vender comida hecha con drogas. Siempre se habían preguntado como sería vivir un viaje, pero no quisieron probarlo nunca. Habían oído hablar de los malos viajes, esos que no te dejaban volver y que o quedabas en un estado vegetal o mueres. Eso rondaba sus mentes a todas horas, por lo cual ellos eran más de alcohol, de beber hasta cansarse. Realmente el negocio de las drogas era muy difícil. ¿Quién podía afirmar que no perdería el control cuando iba camino de la destrucción? Este mundo es así, un lugar de autodestrucción continua y realmente es duro.

-Ya estáis aquí.-dijo Klaus abriéndoles la puerta. Ni siquiera habían notado que ya estaban, era todo tan mecánico como sus pensamientos.

-Hmmm...Klaus... Digo, papá.-comenzó Meredith. Klaus les había dicho que le llamaran papá, que le hacía mucha ilusión eso.-Hoy nos han invitado una fiesta, personas del negocio ¿podemos ir?

-Claro, ¿por qué no?-Dijo Klaus, aunque había algo en el tono de su voz que le hacía parecer distraído.

-¿Ocurre algo, Klaus?-Allen era el único que no era capaz de llamarlo 'papá' o 'padre' porque para él, su padre había muerto hacía séis meses de una parada cardíaca. Solo tendría un padre.

-No, no pasa nada. Ir y divertiros.-se retiró a su habitación de una forma muy extraña, casi hablando para sí mismo.

Era un poco tarde para el almuerzo, pero bien era sabido que habían estado trabajando durante esa hora por lo cual no habían comido nada desde por la mañana. Tampoco fue muy abundante ese día la comida, no porque no tuviesen hambre, si no porque no habían tenido tiempo de ir a comprar más comida, así que se tuvieron que conformar con un par de sandwiches cada uno.

Bien es sabido que en Berlin oscurece más temprano que en el sur, por lo que a las cuatro y media ya era de noche, pero las chicas estaban nerviosas, muy nerviosas.  Había comenzado a llover, con demasiada intensidad, aunque por suerte esto solo duraría como mucho veinte minutos, pero no podían evitar pensar en que pasaría si a alguien le pilla esas tormentas en mitad de la calle. Parece que habían olvidado sus años anteriores, sus caminos bajo la lluvia intensa... No, es obvio que sí lo recordaban, solo que el pasado a veces es mejor olvidarlo. Casi de acercaba la hora de la fiesta, Klaus no había salido de su habitación en todo el tiempo.

-Klaus, nos vamos.-gritó Allen desde la puerta. Se escuchó un sonido de aprobación detrás de la puerta.

En la calle el aire el fresco, pero no hacía frío, se estaba bastante bien comparado con otras épocas del año.
Todo era tan solitario a esas horas... Por la noche, nadie salía de casa, porque la noche era de los barrios bajos, los barrios bajos de Berlin gobernaban la noche con sus fiestas, con sus movidas, y a nadie le importaba, porque mientras no te metieras con ellos, saldrías bien.
La fiesta. No era gran cosa, realmente. Una veintena de personas, drogándose, borrachas, y bailando sin control, o llorando, haciéndose daño. Fumaban sin parar, reían con histeria, no eran conscientes de sus actos. Eso es lo que pasaba cada noche, al parecer, se creían los reyes del universo, lo tenían todo, pero lo perdían cada día, al regresar, al ser de nuevo personas que no tienen nada, que difícilmente pueden comer, porque ese era el mundo de la droga en los barrios bajos. Demasiado triste, demasiado doloroso, demasiado mortal como para sobrevivir mucho tiempo, demasiado adictivo como para dejarlo sin ayuda. Sin quererlo, sin darse cuenta, Allen, Meredith y Lauren ya formaban parte de ese grupo, ya habían cometido el error de caer en la tentación, estaban perdidos. Un caleidoscopio se abría a su alrededor, nada era lo que parecía, estaba distorsionando la realidad, la risa les subía por la garganta, pero a la vez notaban como si el estómago se fuera con ella. Algo así como euforia y a la vez ganas de echarlo todo. Querían vomitar hasta echar el alma por la boca. Los efectos duraron un par de horas, cuando regresaban a casa, ya estaban pasando, pero seguían ahí, sentían la lluvia caer sobre su piel, pero no parecía su piel, era como si eso fuera un envoltorio y ellos estuviesen fuera, nada de su cuerpo les pertenecía. Era todo felicidad, pasión y diversión, pero no duraba para siempre, cuando todo va mejor siempre pasa algo malo.

-Hemos llegado, Klaus.-gritó con euforia Allen, pero no encontró respuesta.-¿Klaus? ¿Estás dormido?

Era raro, Klaus sufría de insomnio y casi nunca dormía, aunque no sería raro que por un día lo hubiesen conseguido, pero un escalofrío recorrió la espalda de Meredith. Tenia un mal presentimiento y corrió hacia la habitación de Klaus. Un grito llenó aquella madrugada, un grito tan desgarrador, que hubiese podido despertar a un muerto, un grito tan lleno de dolor que jamás se hubiera pensado que alguien podría sentir algo así. Allen y Lauren corrieron, rápidos hacia el cuarto.
La realidad les sobrevino de golpe. El cuarto estaba destrozado, la cama desecha, los muebles rotos, como si alguien los hubiese roto con el hacha que se encontraba en el suelo. Una sola silla estaba en el centro de la habitación, la silla se encontraba caída, y junto a ella estaba Meredith llorando desconsoladamente, algo no entendía de todo ese desorden, algo no cuadraba en aquel cuadro, hasta que Lauren miró arriba y chilló. Se echó a llorar también. Allen estaba paralizado, pero sacó fuerzas de donde no las había para mirar arriba.
Klaus estaba colgando de la lámpara, Klaus tenía una silla a sus pies, Klaus había destrozado toda la habitación.

Klaus se había suicidado.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Una leve brisa de viento.

No hacía nada más que escribir y escribir y escribir. Solo eso, pero escribir en soledad, nada más que escribir y escribir. Antes dibujaba, pero eso fue antes de que su hermano pequeño muriese ahogado en aquel lago. Ahora iba cada día a sentarse en el lago mientras escribía en una libreta toda tu frustración hacia aquel lugar. Realmente odiaba ese lago pero no podía evitar estar allí siempre. El lago era precioso, cada amanecer tenía el agua un tono violeta y anaranjado, y al atardecer adquiría un tono dorado que daba gusto dibujar, pero ella ya no dibujaba. Simplemente se sentaba al borde, con los pies en el agua, descalza. Siempre iba con el mismo vestido blanco de gasa, a medio destrozar, a veces manchado de tierra, a veces con briznas de césped, pero nunca en perfecto estado.

Cuando llegaba la noche, ella se sumergía en el agua, se empapaba totalmente y al salir allí estaba su hermano pequeño como una leve brisa de viento para coger su mano e irse juntos. Porque aquel día, en el lago en el que murió su hermano, el día que este murió ella intentó salvarle, muriendo así también ahogada también, y cada día regresa con la esperanza de poder corregir su error, pero cada medianoche, su hermano vuelve a por ella, diciendo que la perdona y que vayan juntos, así para toda la eternidad. Simplemente son una leve brisa de viento que viene y va.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo 3.-Una razón para vencer.

Llamaron al timbre y les abrió un hombre mayor de cabello canoso.

-Pasad, pasad.-dijo sonriendo.-El salón está a la izquierda.

Pasaron con cierto miedo a la casa. Era todo sorprendente, no tenía nada que ver el exterior con el interior. Estaba decorada con muebles victorianos casi toda la casa, pero se dieron cuenta que el salón era una réplica del renacimiento italiano más aristócrata, quizás el hombre fuese italiano y todo ello proviniera de su familia. Allen observaba toda la estancia con renovado asombro, mientras que Meredith y Lauren miraban con recelo el sofá, como si no fuesen a estar cómodas en algo tan lujoso y antiguo.

-Venga, sentaos, no tengáis miedo.-dijo el hombre al entrar en la sala.-Bueno, mi nombre es Klaus. Tengo un negocio que ofreceros, quizás no sea un negocio demasiado limpio, pero si trabajáis para mi nunca os faltará la comida ni un baño caliente y una cama para dormir. Lo primero que tendréis que hacer si aceptáis es trasladaros a vivir conmigo. Pero claro, primero querréis saber de que se trata ¿no?

Asintieron al mismo tiempo, cada vez su desconcierto crecía más y más.

-Bueno... Quiero que os convirtáis en camellos. Necesito alguien capaz de llegar a los jóvenes de vuestra edad sin que sospechen los demás. Es arriesgado, sí, pero considerando que sois jóvenes inteligentes, tendréis muchas escapatorias cuando haya problemas. Bueno, ¿qué decís?

Meredith y Lauren se miraron levemente. Se habían planteado de tantas formas que trabajo podría ser que jamás hubiesen esperado la venta de drogas, siendo ese el más común entre los que no tienen dinero. Miraron a Allen, que tenía la vista fijada en una escultura egipcia, sobre la mesa. Ninguno sabía que responder.

-Os dejaré un tiempo para que lo penséis, estaré en la cocina. Avisadme cuando lo tengáis claro-tras eso salió dejándolos solos con sus dudas.

El silencio era denso, muy denso, se podría cortar con un cuchillo. Hasta que Allen lo rompió.

-Yo digo que aceptemos.-fue una sorpresa para las chicas, ya que él debía ser el racional. Ante sus caras de incredubilidad, razonó.-Necesitamos el dinero y necesitamos comer, pensarlo. Viviremos aquí, y pagaremos nuestra estancia vendiendo drogas.

Tal y como lo ponía, incluso parecía un buen plan de vida. Al final estuvieron de acuerdo en hacerlo. Como si hubiese estado escuchando, Klaus entró en la sala.

-¿Y bien? ¿Qué habéis decidido?-preguntó.

-Aceptamos.-dijo Meredith con voz firme.

-Perfecto.-sonrió Klaus.-Bueno, vamos a recoger vuestras cosas para el traslado.

El resto de la mañana lo ocuparon en llenar bolsas de basura con ropa y objetos para trasladarlo a su nueva casa, no echarían de menos aquella pocilga de vivienda que seguramente no aguantaría otro invierno. Las habitaciones, pensó Allen, le recordaban mucho a su antiguo hogar, pero ya no quería seguir con eso, aquella sería su nueva casa y debía olvidar su mancillado y horroroso ex-hogar. Estaba claro que no se refería a la casa donde había pasado la noche, si no a donde había crecido estos últimos veinte años. El hogar que sus padres le dieron y él no supo aprovechar al máximo.

-Bueno, por fin hemos acabado, aunque tampoco había demasiadas cosas.-comentó Klaus. Sus ojos azules brillaban con ilusión, realmente parecía una persona que se sentía muy sola. Quizás sólo buscaba compañía y tomaba como excusa el trabajo. No podían saberlo.-¿Tenéis hambre? Es la hora de comer. Venga, vamos a celebrarlo. Os invito a comer fuera.

-Pero... Si todavía no hemos trabajado ni nada.-dijo Lauren.

-Bah, cosas sin importancia.-respondió Klaus.-Iros a vestir con las mejores ropas que tengáis. Esta tarde iremos a comprar ropa.

Allen observó que Klaus se sentía como un padre con sus hijos de vuelta, se le veía muy feliz, bastante diferente a cuando esta mañana se había acercado a ellos. De todas formas, tampoco quería darle muchas vueltas al tema y se fue a vestir. Cogió los vaqueros que llevaba ayer, que ya estabas limpios, y una camisa blanca, encima colocó su sudadera. Eran las mejores ropas que tenía, con las que había salido de casa la tarde anterior. Una vez estuvo maqueado, bajó al vestíbulo, donde Meredith le esperaba con bonito y sencillo vestido violeta. Era de mangas caías hasta las muñecas y hombros al descubierto, totalmente liso, sin dibujos ni encajes. Le quedaba muy bien.

-Estas muy guapa.-dijo Allen al verla y sonrió.

-G-gracias...-murmuró ella.-Tu pareces un desastre, como ayer.-luego rió levemente. Una risa parecida a las campanillas tintinear.
Allen no pudo molestarse por ello, aquella risa le ensimismó de tal forma que no pudo evitar sonreír.

-Ya estoy.-dijo Lauren bajando las escaleras. Llevaba el vestido verde desgastados que tenía puesto la vez que se conocieron.

Klaus les dio su aprobación aunque seguía murmurando algo de ir de compras más tarde.
Les llevó a un restaurante italiano de cierto nivel económico, y ellos desearon tener mejores ropas en ese momento, pero claro, no podía tener nada mejor de lo que llevaban.

-¿Mesa para cuatro, signore?-preguntó el mesero.

-Si, per favore.-respondió Klaus mientras nos dirigían hacia una zona especial. Seguramente nuestro nuevo "papa" frecuentaba bastante este lugar. Dejaron que él pidiese, ya que estaban demasiado asombrados con el decorado victoriano que tenía el restaurante. Todo tan bonito, tan perfecto, parecía un sueño.

-Bien, chicos.-les interrumpió Klaus.-¿Donde os gustaría comprar después?

-Eeeeh...-Lauren miró a Meredith de reojo.-Nosotras nunca hemos comprado en una tienda de verdad.

-Por suerte, yo si he ido.-dijo Allen.- Vayamos al Gesundbrunnen-Center.

-Buena elección, muchacho.-sonrió Klaus.

Les trajeron los platos de comida. Devoraron con ansia pero decidieron retardar un poco porque quedaba muy mal hacer eso en un restaurante. Les estaba tan bueno... Parecía que no habían comido en años.
Una vez finalizaron la comida, y hubieron pagado la cuenta, Klaus pidió un taxi que les llevase al centro comercial. Estaban a punto de tener la más increíble tarde de compras que nunca hubiesen visto, solo que ellos no lo sabían.

Capítulo 2-Una razón para vencer.

Meredith se recogió el pelo en una goma, había decidido salir a correr un poco, aunque todavía era demasiado temprano para encontrarse a nadie en la calle y todo era tan tranquilo... No soportaba el ruido pero a veces no podía evitarlo. Anoche había mucho ruido, pero tenían que salir porque no quería decirle a Allen que no había comida en la nevera, que llevaba vacía desde hacía dos días. Se puso la sudadera y salió cuando el cielo todavía estaba oscuro. Nadie, no había nadie paseando ni volviendo a casa ni corriendo, era todo tan solitario, tan precioso...

-Excuse me.-dijo una rubia platino con toda la pinta de ser americana.-Do you speak english?

-Yes, I do.-respondió Meredith un tanto desconcertada.-Can I help you?

-Yes, please, I'm missed, I don't know where I'm... Where I am?-preguntó la americana.

-Hmmm... You're in the slums of Berlin.-respondió Meredith con cierta vergüenza.-To get out of here has to take that route.

-Thank you, thank you very much.-agradeció la americana y se fue corriendo, mientras Meredith la observaba con cierta tristeza.

Corrió lentamente, pensando, pensaba en todo lo que pasaba en su vida, en el hecho de no conocer a sus padres, de ella y su hermana escapando del orfanato, de los robos cuando eran pequeñas, Lauren enseñando a Meredith a tocar el piano, tocando la guitarra en la calle para conseguir dinero... No era una vida demasiado buena para una niña de catorce años pero ahí seguía ella. Cada vez aceleraba el paso más, hasta que sintió que no podía más, tenía el corazón desbocado y si seguía así seguramente sufriría un paro cardíaco, allí, donde nadie haría nada por ayudarla. Se dejó caer al suelo, jadeante, mientras colocaba la cabeza entre las rodillas hasta recuperar el aliento. Cuando levantó la cabeza, ya estaba amaneciendo, el cielo adquirió unas tonalidades violetas y anaranjadas que hacían a las nubes más esponjosas. Ese era su momento favorito del día. No podía permitirse un reloj, pero supuso que debían ser sobre las seis de la mañana ya que las personas comenzaban a salir a trabajar y los coches a circular.

-Creo va siendo momento de volver.-murmuró para sí mientras se diría a su ¿hogar? no sabía si podía llamar hogar a aquellas paredes pintarrajeadas y esos techos derruidos en algunas zonas. Hoy iría a ver si conseguían comida o dinero para comprar. Sus pasos eran lentos, no tenía ninguna prisa en llegar y caminaba mirando el suelo, pateando piedras o cualquier cosa que encontrase a su paso. Era una visión bastante triste. Entraba en la calle cuando alguien gritó su nombre:

-¡Meredith!-era Allen quien gritaba, llevaba el cabello castaño claro despeinado y la camiseta le quedaba holgada. Hasta ese momento no se había dado cuenta cuan alto y delgado era.-¿Dónde estabas? Al levantarme no te he visto y Lauren sigue durmiendo. No quise despertarla.

-He ido a correr.-dijo como si eso bastase para aliviar cualquier preocupación que pudiese tener el chico en su cuerpo.-Vamos a despertar a Lauren, ya es hora.

Después de media hora de gritos y zarandeos, Lauren despertó y, a pesar del modo, estaba de bastante buen humor.

-Buenos días a los dos.-sonrió limpiamente.- ¿Alguna idea de como conseguir dinero y comida hoy?-preguntó con ironía.

Allen se quedó blanco, no había caído en la idea de que la pobreza era tan extrema en estos lugares de Berlín y eso estuvo dándole vueltas durante los siguientes meses de su vida.

-Tocará hacer lo de siempre... Mendigar día tras día.-dijo Meredith mientras cogía iba a cambiarse de ropa. Regresó con una guitarra de madera, bastante clásica y bonita.-Fue un regalo.

Cuando todos hubieron estado listos, salieron a la calle, ya pensarían como iban a conseguirlo todo, pero ahora eran más y necesitaban más comida. Llevaban sobre dos horas en la calle habiendo conseguido apenas diez euros cuando un hombre se acercó a ellos.

-Tengo un negocio para vosotros, si os interesa, venir dentro de media hora a esta dirección.-les tendió una tarjeta y desapareció.

Estuvieron diez minutos en silencio hasta que Lauren habló.

-No tenemos nada que perder ¿no? Yo digo que vayamos.-opinó.

-Necesitamos dinero y él parece que puede dárnoslo.-corroboró Meredith.

-¿Siempre pensáis las cosas así? ¿Ni siquiera os planteáis que pueda ser una trampa?-preguntó Allen preocupado.

Ellas negaron, de verdad necesitaban el dinero y si tenían que hacer cosas ilegales, las harían. Cinco minutos después emprendieron el camino hasta la dirección. La casa ante la que se encontraban no era muy sofisticada pero parecía de una persona que sabía bien lo que hacía y tenía plantes de negocio.
Llamaron al timbre y un hombre mayor de pelo canoso les abrió la puerta.

-Pasad, pasad.-dijo con una gran sonrisa.-El salón está a la izquierda.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Capítulo 1.-Una razón para vencer.

Cuatro años tras el prólogo.

Allen estaba sentado en el parque, hacía sol pero tampoco demasiado, el suficiente para calentar los huesos lo cual nunca venía mal porque en Berlín era muy raro que hiciese calor.

-Bueno, aquí estamos, tras cuatro años, ¿que hay de nuevo?-preguntó Meredith. Llevaba el cabello oscuro recogido en una coleta alta, y los ojos color bosque estaban enmarcados con unas pestañas espesas negras. Hacía cuatro que Allen intentado escapar del destino se había encontrado con Meredith, e increíblemente, se había terminado enamorado de ella. Simplemente era perfecta, pero estaba claro que su relación no podía ser, o no pudo ser hasta ahora. Meredith tenía 18 años actualmente, pero Allen tenía 24 y aunque la diferencia de edad no podía parecer mucho, lo era. Pero habría que regresar a hace cuatro años, donde todo comenzó.
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Cinco minutos tras el prólogo.

-Tienes pinta de ser de los huyen de todo, por eso corres ¿verdad?-dijo la chica con una ceja enarcada.-Me llamo Meredith ¿y tú?

-Allen.-fue seco, no tenía la intención de mantener la conversación durante más tiempo.-Y me voy.

No le dio tiempo a caminar tres pasos cuando sintió que una mano le agarraba de la muñeca. Era delicada, tanto que parecía poder romperse.

-No sigas huyendo, ven conmigo.-susurró Meredith.-Al fin y al cabo... Tampoco tengo ningún lugar al que ir, pero conozco un sitio, donde podremos estar bien.

Allen la miró con desconfianza, pero algo en los ojos de aquella chica le decía que tenía que hacerle caso, total, no podría ser peor, no tenía ningún sitio donde ir.

-Bueno, supongo que no puede ir tan mal... Vamos.-vio la mirada complacida de Meredith y algo en su interior cambió, pero no sabía el que.

Caminaron en silencio, uno al lado del otro, como dos entes sin un lugar al que ir, pero él queria preguntar tantas cosas y no podía, tenía la lengua pegada al paladar y no conseguía articular una palabra.
Llegaron a los barrios bajos de Berlín, y el paisaje cada vez era más frío, más triste, y supuso que Meredith debía pertenecer a ese lugar, por sus ropas, por su cabello alocado y despeinado, por un instante sintió lástima por ella, pero no quiso exteriorizarlo. Un poco más de camino bajo la lluvia sirvió para que al llegar al portal sus ropas estuvieran chorreando de una forma increíble.

-Uau, que forma de llover fuera.-dijo una voz al verlos entrar.-Meredith ¿quién es él?

-Se llama Allen y no tiene donde ir.-la sombra salió a la luz y mostró una chica delgada, bastante pálida con una fragilidad constante, sus ojos tenían una tonalidad violeta pero era por el azul intenso que mostraban.-Allen, te presento a Lauren, es mi hermana mayor.

-Hmm... Encantado, Lauren.-Allen le tendió la mano pero Luna se dedicó a mirarlo con recelo y después desapareció.-¿He dicho algo malo?

Meredith suspiró y negó levemente antes de ir a buscarla.
Allen se quedó quieto mirando todo, sin tocar nada, estaba paralizado al encontrarse ante tanta pobreza a la que no estaba acostumbrado, pero sabría que se adaptaría porque no tenía donde ir, ningún sitio donde ir.
El pensamiento le causó un sentimiento de vacío en el estómago. Era cierto, estaba solo en esto, no podía ir más allá de nada, y mientras dos niñas vivían solas desde hace saber cuanto y él... Él escapaba de todo, se perdían entre la salvación de su padre, hasta que este año murió, pero Allen en vez de adquirir su herencia, escapó, escapó antes de que llegara el notario, porque no quería asimilar la muerte de su padre ni que ahora estaba solo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos con la llegada de Lauren. No se había fijado en que llevaba un vestido color verde, pero estaba viejo y un poco descolorido, haciendo que pareciera más frágil aún.

-Bueno, así que eres Allen, un gran cobarde.-le acusó como saludo.-¿Qué edad tienes?

-Tengo veinte años.-murmuró distraído Allen.-¿y vosotras?

-Yo tengo dieciséis años, y Meredith tiene catorce.-su voz tenía un tono duro y lúgubre que hizo a Allen pensar que debía tener cuidado con aquella muchacha.

-Allen, vamos a cenar fuera, ve a ducharte y en media hora nos vamos, tienes ropa en la cama.-dijo Meredith al salir.

Le sorprendió que fueran a cenar fuera cuando difícilmente parecía que pudiesen comprar un sandwich para cenar en su propia casa, pero no hizo ningún comentario. Entró en la ducha y después se puso la ropa que le habían dado: unos vaqueros desgastados y rotos, una camiseta oscura y su sudadera negra ya seca.
Salió sin saber que sería de ellos, porque parecía que su destino estaba ligado a aquellas dos extrañas y jóvenes chicas.

Si lo has leido dale a   por favor.

Poesía busca a Amor.

Ella estaba en la estación, quería coger un tren al  sur, quería escapar del amor. También quería bailar, bailar sola, entonces abrió su maleta y comenzó a colocarse sus pocas pertenencias, una a una lentamente mientras fuera lentas gotas caían como si tuviesen miedo de romper el suelo al golpear.
Ella terminó de vestirse y bailó bajo la lluvia, con fuerza, con pasión, con rabia a la vez que se fue desnudando con cada paso, con cada lágrima; se desnudó hasta quedar blanca, en el suelo, empapada con su melena roja cayendo a su alrededor y lágrimas corriendo en su rostro. Sus ojos brillaban, puros y transparentes de un verde primavera; ella quedó desnuda, quedó simple y sencilla pero sonreía, sonreía porque ahora comprendía. 
Ahora, después de tanto maquillaje y mascaradas se dio cuenta, ahora Poesía era pura y lo había entendido porque Poesía iba al sur para olvidar, porque sólo necesitaba encontrar a Amor.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Prólogo.

No sabía donde ir, ni siquiera si tenía un sitio al que regresar, pero Allen no hacía más que correr, correr de un lado a otro como si alguien le persiguiese, como si quisieran matarlo, pero era seguro que no siempre podía huir. Llevaba 20 años huyendo de todo, era lo que se consideraba un gran cobarde. Nunca había afrontado las cosas, porque si había problemas siempre huía, nunca había tenido que enfrentarse a algo, en realidad, porque sus padres siempre lo han tenido protegido, hasta ahora. Llevaba unos pantalones vaqueros oscuros, y una sudadera negra con capucha le tapaba el rostro, pero Allen se había cansado de correr, estaba cansado de huir, y paró en seco. Su ropa estaba empapada, ni siquiera había notado que empezó a llover hace rato y tampoco se había dado cuenta de que una chica, de rostro pálido, ojos color bosque y cabello negro le observaba desde hacía rato.

-¿De que huyes?-preguntó ella. Tenía una voz dulce, en un tono bajo pero había algo que demostraba que estaba segura de si misma, segura de que lo hacía allí y de adonde tenía que ir.

-No te interesa.-respondió Allen con voz cortante. No tenía ganas de aguantar a una niña pequeña que a saber que donde vendría y no iba a arreglarle la vida.

Lo que él no sabía cuando la miró, con sus cabellos mojados, sus medias rotas y su camiseta larga era que iba a significar más en su vida de lo que podía creer, esa niña daría un giro de 180º a su forma de ver, siendo capaz de darlo todo por protegerla.


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Already dead.

La lluvia cae, torrencial, sin parar, pero no se compara con el peso del corazón de Katherina, mientras sus cabellos oscuros se mojan, ella mira la lluvia caer y sus ojos verdes se inundan como cada rincón de ese solitario parque en el que se sentó.

-Estas aquí.-dice Logan, que no hizo más que colocar el paraguas encima de Katherina para que no se mojase.

-¿Y bien?-preguntó Katherina con voz desolada, desagradable incluso.

-Y bien, ¿que?-Logan no sabia, no entendía pero se sentó a su lado, en aquel solitario parque a mirar la lluvia caer.

-¿sabes? Eres lo más parecido a un gilipollas.-respondió amargamente Katherina.-Me buscas, llegas, te sientas a mi lado y callas ¿y todo por que? ¿Acaso piensas que no puedo valerme por mi misma? ¿Acaso crees que soy tan frágil que en cualquier momento voy a romperme?

Logan, callado, no supo que decir, porque eran ciertas las palabras de ellas, era cierto que pensaba que la anorexia se la llevaría en cualquier momento y si no era eso, seria otra cosa.

-Te quiero, Katherina.-fue capaz de pronunciar.-Pero come.

-Pues yo no. No quiero a alguien que piensa que me voy a morir en cualquier momento, que solo piensa en lo que debería ser mejor para mi, en que coma, pero no es capaz de seguir su vida. Porque vives tu vida entre drogas y alcohol y te da igual, pero a mi no, ya me cansé porque total, yo llevo diez años muerta ¿no? Y tu casi vas a morir pronto.

Y se fue, Katherina se fue, dejando a Logan bajo un paraguas, mientras toda su ropa se mojaba, dejando a Logan con el corazón a pedazos, mientras toda su vida se destrozaba, pero no importaba porque ella ya estaba muerta. 
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