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viernes, 6 de septiembre de 2013

Capítulo 1.-Una razón para vencer.

Cuatro años tras el prólogo.

Allen estaba sentado en el parque, hacía sol pero tampoco demasiado, el suficiente para calentar los huesos lo cual nunca venía mal porque en Berlín era muy raro que hiciese calor.

-Bueno, aquí estamos, tras cuatro años, ¿que hay de nuevo?-preguntó Meredith. Llevaba el cabello oscuro recogido en una coleta alta, y los ojos color bosque estaban enmarcados con unas pestañas espesas negras. Hacía cuatro que Allen intentado escapar del destino se había encontrado con Meredith, e increíblemente, se había terminado enamorado de ella. Simplemente era perfecta, pero estaba claro que su relación no podía ser, o no pudo ser hasta ahora. Meredith tenía 18 años actualmente, pero Allen tenía 24 y aunque la diferencia de edad no podía parecer mucho, lo era. Pero habría que regresar a hace cuatro años, donde todo comenzó.
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Cinco minutos tras el prólogo.

-Tienes pinta de ser de los huyen de todo, por eso corres ¿verdad?-dijo la chica con una ceja enarcada.-Me llamo Meredith ¿y tú?

-Allen.-fue seco, no tenía la intención de mantener la conversación durante más tiempo.-Y me voy.

No le dio tiempo a caminar tres pasos cuando sintió que una mano le agarraba de la muñeca. Era delicada, tanto que parecía poder romperse.

-No sigas huyendo, ven conmigo.-susurró Meredith.-Al fin y al cabo... Tampoco tengo ningún lugar al que ir, pero conozco un sitio, donde podremos estar bien.

Allen la miró con desconfianza, pero algo en los ojos de aquella chica le decía que tenía que hacerle caso, total, no podría ser peor, no tenía ningún sitio donde ir.

-Bueno, supongo que no puede ir tan mal... Vamos.-vio la mirada complacida de Meredith y algo en su interior cambió, pero no sabía el que.

Caminaron en silencio, uno al lado del otro, como dos entes sin un lugar al que ir, pero él queria preguntar tantas cosas y no podía, tenía la lengua pegada al paladar y no conseguía articular una palabra.
Llegaron a los barrios bajos de Berlín, y el paisaje cada vez era más frío, más triste, y supuso que Meredith debía pertenecer a ese lugar, por sus ropas, por su cabello alocado y despeinado, por un instante sintió lástima por ella, pero no quiso exteriorizarlo. Un poco más de camino bajo la lluvia sirvió para que al llegar al portal sus ropas estuvieran chorreando de una forma increíble.

-Uau, que forma de llover fuera.-dijo una voz al verlos entrar.-Meredith ¿quién es él?

-Se llama Allen y no tiene donde ir.-la sombra salió a la luz y mostró una chica delgada, bastante pálida con una fragilidad constante, sus ojos tenían una tonalidad violeta pero era por el azul intenso que mostraban.-Allen, te presento a Lauren, es mi hermana mayor.

-Hmm... Encantado, Lauren.-Allen le tendió la mano pero Luna se dedicó a mirarlo con recelo y después desapareció.-¿He dicho algo malo?

Meredith suspiró y negó levemente antes de ir a buscarla.
Allen se quedó quieto mirando todo, sin tocar nada, estaba paralizado al encontrarse ante tanta pobreza a la que no estaba acostumbrado, pero sabría que se adaptaría porque no tenía donde ir, ningún sitio donde ir.
El pensamiento le causó un sentimiento de vacío en el estómago. Era cierto, estaba solo en esto, no podía ir más allá de nada, y mientras dos niñas vivían solas desde hace saber cuanto y él... Él escapaba de todo, se perdían entre la salvación de su padre, hasta que este año murió, pero Allen en vez de adquirir su herencia, escapó, escapó antes de que llegara el notario, porque no quería asimilar la muerte de su padre ni que ahora estaba solo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos con la llegada de Lauren. No se había fijado en que llevaba un vestido color verde, pero estaba viejo y un poco descolorido, haciendo que pareciera más frágil aún.

-Bueno, así que eres Allen, un gran cobarde.-le acusó como saludo.-¿Qué edad tienes?

-Tengo veinte años.-murmuró distraído Allen.-¿y vosotras?

-Yo tengo dieciséis años, y Meredith tiene catorce.-su voz tenía un tono duro y lúgubre que hizo a Allen pensar que debía tener cuidado con aquella muchacha.

-Allen, vamos a cenar fuera, ve a ducharte y en media hora nos vamos, tienes ropa en la cama.-dijo Meredith al salir.

Le sorprendió que fueran a cenar fuera cuando difícilmente parecía que pudiesen comprar un sandwich para cenar en su propia casa, pero no hizo ningún comentario. Entró en la ducha y después se puso la ropa que le habían dado: unos vaqueros desgastados y rotos, una camiseta oscura y su sudadera negra ya seca.
Salió sin saber que sería de ellos, porque parecía que su destino estaba ligado a aquellas dos extrañas y jóvenes chicas.

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