Meredith se recogió el pelo en una goma, había decidido salir a correr un poco, aunque todavía era demasiado temprano para encontrarse a nadie en la calle y todo era tan tranquilo... No soportaba el ruido pero a veces no podía evitarlo. Anoche había mucho ruido, pero tenían que salir porque no quería decirle a Allen que no había comida en la nevera, que llevaba vacía desde hacía dos días. Se puso la sudadera y salió cuando el cielo todavía estaba oscuro. Nadie, no había nadie paseando ni volviendo a casa ni corriendo, era todo tan solitario, tan precioso...
-Excuse me.-dijo una rubia platino con toda la pinta de ser americana.-Do you speak english?
-Yes, I do.-respondió Meredith un tanto desconcertada.-Can I help you?
-Yes, please, I'm missed, I don't know where I'm... Where I am?-preguntó la americana.
-Hmmm... You're in the slums of Berlin.-respondió Meredith con cierta vergüenza.-To get out of here has to take that route.
-Thank you, thank you very much.-agradeció la americana y se fue corriendo, mientras Meredith la observaba con cierta tristeza.
Corrió lentamente, pensando, pensaba en todo lo que pasaba en su vida, en el hecho de no conocer a sus padres, de ella y su hermana escapando del orfanato, de los robos cuando eran pequeñas, Lauren enseñando a Meredith a tocar el piano, tocando la guitarra en la calle para conseguir dinero... No era una vida demasiado buena para una niña de catorce años pero ahí seguía ella. Cada vez aceleraba el paso más, hasta que sintió que no podía más, tenía el corazón desbocado y si seguía así seguramente sufriría un paro cardíaco, allí, donde nadie haría nada por ayudarla. Se dejó caer al suelo, jadeante, mientras colocaba la cabeza entre las rodillas hasta recuperar el aliento. Cuando levantó la cabeza, ya estaba amaneciendo, el cielo adquirió unas tonalidades violetas y anaranjadas que hacían a las nubes más esponjosas. Ese era su momento favorito del día. No podía permitirse un reloj, pero supuso que debían ser sobre las seis de la mañana ya que las personas comenzaban a salir a trabajar y los coches a circular.
-Creo va siendo momento de volver.-murmuró para sí mientras se diría a su ¿hogar? no sabía si podía llamar hogar a aquellas paredes pintarrajeadas y esos techos derruidos en algunas zonas. Hoy iría a ver si conseguían comida o dinero para comprar. Sus pasos eran lentos, no tenía ninguna prisa en llegar y caminaba mirando el suelo, pateando piedras o cualquier cosa que encontrase a su paso. Era una visión bastante triste. Entraba en la calle cuando alguien gritó su nombre:
-¡Meredith!-era Allen quien gritaba, llevaba el cabello castaño claro despeinado y la camiseta le quedaba holgada. Hasta ese momento no se había dado cuenta cuan alto y delgado era.-¿Dónde estabas? Al levantarme no te he visto y Lauren sigue durmiendo. No quise despertarla.
-He ido a correr.-dijo como si eso bastase para aliviar cualquier preocupación que pudiese tener el chico en su cuerpo.-Vamos a despertar a Lauren, ya es hora.
Después de media hora de gritos y zarandeos, Lauren despertó y, a pesar del modo, estaba de bastante buen humor.
-Buenos días a los dos.-sonrió limpiamente.- ¿Alguna idea de como conseguir dinero y comida hoy?-preguntó con ironía.
Allen se quedó blanco, no había caído en la idea de que la pobreza era tan extrema en estos lugares de Berlín y eso estuvo dándole vueltas durante los siguientes meses de su vida.
-Tocará hacer lo de siempre... Mendigar día tras día.-dijo Meredith mientras cogía iba a cambiarse de ropa. Regresó con una guitarra de madera, bastante clásica y bonita.-Fue un regalo.
Cuando todos hubieron estado listos, salieron a la calle, ya pensarían como iban a conseguirlo todo, pero ahora eran más y necesitaban más comida. Llevaban sobre dos horas en la calle habiendo conseguido apenas diez euros cuando un hombre se acercó a ellos.
-Tengo un negocio para vosotros, si os interesa, venir dentro de media hora a esta dirección.-les tendió una tarjeta y desapareció.
Estuvieron diez minutos en silencio hasta que Lauren habló.
-No tenemos nada que perder ¿no? Yo digo que vayamos.-opinó.
-Necesitamos dinero y él parece que puede dárnoslo.-corroboró Meredith.
-¿Siempre pensáis las cosas así? ¿Ni siquiera os planteáis que pueda ser una trampa?-preguntó Allen preocupado.
Ellas negaron, de verdad necesitaban el dinero y si tenían que hacer cosas ilegales, las harían. Cinco minutos después emprendieron el camino hasta la dirección. La casa ante la que se encontraban no era muy sofisticada pero parecía de una persona que sabía bien lo que hacía y tenía plantes de negocio.
Llamaron al timbre y un hombre mayor de pelo canoso les abrió la puerta.
-Pasad, pasad.-dijo con una gran sonrisa.-El salón está a la izquierda.
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