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domingo, 10 de abril de 2016

IV

¿Quién guarda la llave
de esta jaula que me retiene?
Me está quitando el aire,
me roba el alma indolente.

¿Quién abrirá esta jaula
de hierro incandescente?
Me está quemando,
me arranca la piel, literalmente.

¿Quién me sacará de aquí,
de este pozo negro?
Me estoy perdiendo
y ya no veo.

¿Quién se llevará mi cuerpo
a un lúgubre cementerio?
Ya no consigo moverme,
estoy muerto.

III

En una noche,
nebulosa y oscura,
mi alma está llorando.

La espesa y sofocante
niebla externa
oprime mis sentidos.

No encuentro motivos
en esta noche eterna
para seguir manteniendo
mi vida entera.

Y no sé cómo,
ni cuando,
ni donde,
poder detenerla.

II

He andando caminos
colmados de áridas tierras
y no he visto más
que infinita tristeza.

He navegado mil ríos
de gélidas aguas enfermas
y no encontré cariño
ni calor que le suceda.

He visto talar arboledas
con el dolor del hacha
cortando sus venas.

He oído al viento aullar
entre cuevas mineras
y el lúgubre cementerio
entre yermas praderas.

He observado al volcán llorar
en un bosque de espesura negra
con lágrimas por lava
y cenizas por cabellera.

He visto el sol brillar
en una enorme pradera
y a mí, apacible,
en una tumba negra.

I

Hoy es un día de esos,
en los que no sabes si el cielo
está nuboso o despierto.

Hoy es un día de esos,
en los que la luz del sol
ilumina con más calor.

Hoy es un día de esos,
en los que pierde el sentido
el tiempo y el dolor.

Hoy es un día de esos
en los que se puede
curar mi corazón.