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viernes, 9 de junio de 2017

Música.

Brotas de mí,                   
igual que un lamento,           
igual que un suspiro,                            igual que un sueño.

Representas mis sueños,               
mis miedos,                              
mis temores,                                  
mi cariño                                         
y mi odio.

Me acunas en tus brazos,      
me desnudas,                             
me reviertes el alma,                 
la muestras al mundo,                      
y me vuelves al revés.        

Me haces olvidar,                 
mi dolor desaparece,                     
me produces amnesia,            
me matas                                
y revives,                                    
 me das paz                             
y guerra,                               
me obligas a soñar                         
y me obligas a perder.

Pierdo cada día,                    
pero me devuelves                       
y nunca me fallas.                            
Te vistes pomposa,                        
y te odio,                                   
pero vuelves a mí                              pura,                                          
como un deseo,                             
y te amo.


Eres siempre tú,                    
siempre fuiste tú,                   
tú que me das,                       
tú que me quitas,                      
tú que me conociste,                          
que me viste crecer,                 
 tú.                                          
Eres música.

martes, 6 de junio de 2017

FELICIDAD

Una vez conocí a un hombre que siempre decía que la felicidad es aquello que buscamos sin esperar encontrarlo, pero aun así mantenemos la esperanza de saber que algún día seremos felices. Nunca me di cuenta de la razón que tenía; no porque no podamos ser felices, sino porque hemos vuelto a la felicidad algo inalcanzable. Y a veces, mientras nos devanamos en búsqueda incesante de ese sentimiento, nos sentimos felices por momentos, momentos en los que hemos olvidado la búsqueda, para sentir el viento. Porque a veces, no nos damos cuenta de que la felicidad no depende de lo que nos digan, ni de lo que nos pase, sino de lo que nosotros queremos y lo que sentimos. Que la felicidad puede estar simplemente en una sonrisa, si esa sonrisa es de verdad y ser capaces de ver que nuestra felicidad depende de encontrar el camino correcto y seguir el sendero una vez estemos en ello. Y es que al fin y al cabo, nuestro problema siempre ha sido, que buscamos la plenitud en todo lo que hacemos, sin pensar que quizás, la serenidad también nos sirve al menos; que la felicidad es estar sereno, y no es estar pleno, porque la plenitud es un estado tan abstracto que muchos, ni siquiera conocemos.

La felicidad podría explicarse como ese objeto que ansiamos encontrar, que buscamos sin descanso, en uno y otro lugar, pero nunca encontramos, y lo tenemos delante. Nos hace falta que venga otra persona a avisarnos de que lo tenemos, de que llevamos un rato viéndolo frente a nuestros ojos, sin ser capaz de cogerlo... Lo mismo ocurre con este sentimiento. Nos empeñamos en buscarlo, a pesar de encontrarse delante de nosotros, y sólo nos damos cuenta de que fuimos felices cuando alguien ajeno nos avisa; resulta tan triste y es sólo porque somos almas ciegas buscando leer un idioma que hace siglos hemos olvidado.

LIBRE

No quiero ser tu fuego, no quiero ser tus sueños, no quiero nada de ti. No lo quiero, porque no me lo he ganado, porque he sido el desastre que te ha martirizado, porque me paso el tiempo encerrada en ti. Porque mi cabeza se volvió una encrucijada y te creí, te creía imposible, impasible y fría, convirtiendo en hielo todo aquello que tocabas, haciéndome sufrir. Pensaba que eras una reina, inalcanzable, con la furia de mil titanes, y resultó que eras mi infierno personal, aquello que me hacía sentir como en una montaña rusa; daba igual como fuese el día, podía estar arriba, y tú me ibas a llevar al suelo, con la fuerte caída de cuanto más alto subas, más molida. Y no importaba nada, cuando me veía reflejada en tus ojos, porque ellos me sostenía, sin saber que en realidad me estabas hundiendo, soltándome a la deriva; me creía que era una diminuta mota de pintura, en un lienzo infinito, lleno de tantos colores, que me asfixiaba en ellos, y resultó que era un gigante, más grande que el universo, que podía aplastarte con solo desearlo pero tú me hiciste creer lo contrario. Pero ahora soy libre, tan libre como el viento y sé, tengo muy claro, que puedo contigo, contigo y con cualquiera que lo intente, cualquiera que intente atarme al infierno, que quiera mantenerme bajo tierra, cualquiera que me asfixie con sus manos o me deje ciega. No importa cuánto me hagáis callar, ni cuantas veces me queméis la lengua; no importa cuántas veces me ceguéis con vuestra luz ni vuestro fuego eterno; no importa si me dejáis sorda y ciega. Nadie podrá hacerme callar, ni siquiera el universo.