Dicen que la tristeza es algo que no se ve a simple vista, que necesitas mucha profundidad y que pocas personas son capaces de alcanzar esos niveles. Pero yo, que vivo entre cenizas, entre rostros derruidos, con dolor y con manías, de los colores más fríos; que vivo en lo que la tristeza inunda, cuando todo lo has perdido, cuando ya no queda nada, cuando el frío te ha dormido.
No sé si es porque me he acostumbrado a ver ojos tristes, ojos derruidos, ojos que lloran, que mienten de forma vil, que muestran un dolor infinito; o porque siempre se acompañan de sonrisas falsas, que desgarran las mejillas, que tiran hacia atrás con gancho, que duelen porque no se sienten y mienten.
No sé si será eso, o que será lo ocurrido, pero me he acostumbrado a ver miradas tristes y personas derruidas y, ahora que paseo, están en todos lados.
No sé si es porque me he acostumbrado a ver ojos tristes, ojos derruidos, ojos que lloran, que mienten de forma vil, que muestran un dolor infinito; o porque siempre se acompañan de sonrisas falsas, que desgarran las mejillas, que tiran hacia atrás con gancho, que duelen porque no se sienten y mienten.
No sé si será eso, o que será lo ocurrido, pero me he acostumbrado a ver miradas tristes y personas derruidas y, ahora que paseo, están en todos lados.