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viernes, 29 de noviembre de 2013

Hay esperanza.

En la oscuridad de tu habitación, otra vez, ha vuelto la inseguridad. Tu mente ha comenzado a pensar de nuevo a toda velocidad. Ya no hay marcha atrás porque el dolor comienza a inundar tu pecho y las lágrimas corren por tu rostro sin retorno.

¿Por qué el amor duele tanto? ¿Por qué hay tanto dolor en un corazón destrozado? ¿Por qué venimos al mundo para sufrir? ¿Quién te preguntó si querías nacer? ¿Alguien lo hizo? No, nadie lo hizo.

La inseguridad carcome por dentro, tu cuerpo no es más que una máquina mecánica de movimiento, no vive, ahora ¿quién vive en este mundo? ¿quién puede decir que vive? No se puede vivir, sin embargo hay esperanza...

domingo, 17 de noviembre de 2013

Un canto de sirena.

El amor verdadero, cuando aparece, es como un canto de sirena.

Todo era tranquilo, en esa tarde noviembre, tanto frío se notaba afuera, que podían apreciarse las blancas colinas nevadas. Nunca supe porqué salí aquella tarde, bajo el cielo pálido, color de una perla, que brillaba tanto y sin embargo, sin sol.

Salí a caminar despacio, lento, por las calles de Hervás, sin rumbo fijo, pues nada me había incitado a que dejase mi hogar caliente y lo cambiase por un frío polar. No tenía donde ir, y tampoco sabía si tenía donde volver ¿lo tenía acaso? ¿acaso podía considerar aquello mi hogar?

Miré mi reflejo en un escaparate: pelo castaño rojizo largo, una piel clara aparente traslúcida y no muy alta, constitución normal. No era nada, nada de nada. Sólo alguien más que no podría destacar ante nadie.
Entonces un reflejo se aproximó a mi, sonriendo.

No era demasiado alta, pero tampoco era bajita, su cabello castaño claro y esa sonrisa hicieron que mi mundo girase sin parar. No conocía a aquella chica, ella tampoco a mi, pero cogió mi mano y, con un dedo el los labios, me indicó que callase y la siguiera.

Corrimos, corrimos sin parar por las calles estrechas, riendo alto, sin conocernos, no nos hacía falta, era como si ya lo supiesemos todo sobre nosotras. Sólo con mirar sus ojos color aguamarina ya me sentía tranquila, y aquellos labios suaves acariciando mi alma con el simple roce en mis labios.

Alguien dijo alguna vez que cuando el amor verdadero aparece, es como un canto de sirena.

Aquel día, yo escuché a las sirenas cantar.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Lei.

Al despertar ya no quedaba nada, solo retazos de recuerdos de lo que fue ella en su cama. Las sábanas tenían su olor pero ya hacía tiempo que abandonó la costumbre de perfumar la habitación; el sonido de su risa resonaba en las paredes y aún así había dejado de reír, pero estaba tan presente que dolía.

Un rastro de carmín, quizás un papel con su letra es lo que podías obtener de su recuerdo mas ella se había ido, prometió que no iba a volver, que se acabó y un portazo silenció el lugar. Silencio intenso que ni las lágrimas derramadas consiguen romper, ni los gritos ahogados en la almohada ni los puñetazos en la pared, nada puede estropear el eterno silencio porque con ella se llevó el color, el sonido y, sobretodo, el amor.