Seguidores

sábado, 21 de diciembre de 2013

Y desperté...

Acunada entre los brazos de Morfeo, soñé que todo era mentira. No existía la guerra, tampoco existía la paz, no era necesario un detalle tan insignificante como una palabra para designar ese estado perfecto. No existían los enfermos ni los medicamentos, no existían las banderas, no había países. Soñé que la situación había cambiado, no existían los parados por derecho, los políticos eran de plastilina moldeados para según la función perfecta, cualquier desastre era posible arreglarlo.

He soñado que todo era mentira, que en el mundo no había desigualdad ni los niños mueren de sida, tampoco existían los extranjeros. Lo que parecía ser un mundo perfecto, sin problemas, una realidad que quisiera para mi.

Y desperté, haciendo añicos el sueño, mi sorpresa fue ver como un  hombre mataba a palos a sus hijos en el telediario de las tres, como una venganza a su ex mujer, o como cuatro personas peleaban por el poder, mientras millones de personas rebuscan en la basura algo que comer.

Y desperté, para comprobar la hostia que me iba a dar contra la realidad, para ver como existe la guerra, como mueren los niños de sida, como dejan que los enfermos acaben con su vida por no poder pagar el tratamiento, para ver como el mundo es un papel donde se escriben garabatos que terminan en la basura como siempre, como el poderoso se lava las manos después de las promesas.

Pude comprobar que detrás de un movimiento siempre hay su porqué y en nombre de la paz, mueren dictadores que fueron puesto por el poder. Terminé sin saber que era sueño o realidad, si lo que vivía era una pesadilla y mi sueño la verdad.

sábado, 14 de diciembre de 2013

The monsters of eternity: mind of a schizophrenic

Los monstruos no me dejan vivir, cada día intentan cogerme, todos quieren asesinarme, por favor, salvadme.

Cada noche, al acostarme, comienza. El psicólogo dice que no son reales, pero a veces son tan corpóreos que incluso lo pienso. Me da miedo apartar la luz, me da miedo cerrar los ojos y que aparezcan, porque una vez lo hacen ya no se van, están ahí observándome, con sus pálidos ojos, y sombras, son sombras que me agarran, me atraviesan el alma.

No soporto su visión. Ayer, me encontraba tan sola entre un millón de personas y no podía controlar lo que sentía en el interior. Los demonios me rozaban la piel, se incrustaban en mi como pequeños trozos de cristal, haciendo que sangrase por dentro sin parar, como una hemorragia interna que te mata lentamente y no puedes evitarlo. Quería sacarlos de mi, huir, y salí corriendo sin parar, hasta la más recóndita oscuridad de mi escondrijo; no había nada en esa sala, sólo oscuridad, paredes negras, sin más que un triste colchón y una pequeña caja, una caja con mis espantadores de demonios. Alargadas, brillantes y plateadas, afiladas como el cuchillo, así son, cortantes como el viento de invierno y hacen salir los demonios de la piel.

¿Quién pensó jamás que algo tan dañino salvaría tanto? ¿Cómo algo que corta la piel y es capaz de sangrar destruye demonios del cuerpo?

Y llega el momento en el que no hay retorno. Ese día, no vuelves a ver los monstruos, tampoco vuelves a ver el sol, ese día, sólo existe la oscuridad...

Replay the note.

Sí, señores, aquí hemos vuelto a la carga, con el final de los exámenes y las vacaciones intentaremos escribir más a menudo, como antes. Las historias continúan, el cuaderno vuelve a escribirse con los sentimientos abiertos, las páginas volverán a llenarse y así intentaremos seguir llegando a vosotros como antes o incluso más.

Un nuevo mundo empieza entre sueños muertos, y aquí, se reflejan las vidas perdidas.

Anna Olive.