Seguidores

domingo, 17 de noviembre de 2013

Un canto de sirena.

El amor verdadero, cuando aparece, es como un canto de sirena.

Todo era tranquilo, en esa tarde noviembre, tanto frío se notaba afuera, que podían apreciarse las blancas colinas nevadas. Nunca supe porqué salí aquella tarde, bajo el cielo pálido, color de una perla, que brillaba tanto y sin embargo, sin sol.

Salí a caminar despacio, lento, por las calles de Hervás, sin rumbo fijo, pues nada me había incitado a que dejase mi hogar caliente y lo cambiase por un frío polar. No tenía donde ir, y tampoco sabía si tenía donde volver ¿lo tenía acaso? ¿acaso podía considerar aquello mi hogar?

Miré mi reflejo en un escaparate: pelo castaño rojizo largo, una piel clara aparente traslúcida y no muy alta, constitución normal. No era nada, nada de nada. Sólo alguien más que no podría destacar ante nadie.
Entonces un reflejo se aproximó a mi, sonriendo.

No era demasiado alta, pero tampoco era bajita, su cabello castaño claro y esa sonrisa hicieron que mi mundo girase sin parar. No conocía a aquella chica, ella tampoco a mi, pero cogió mi mano y, con un dedo el los labios, me indicó que callase y la siguiera.

Corrimos, corrimos sin parar por las calles estrechas, riendo alto, sin conocernos, no nos hacía falta, era como si ya lo supiesemos todo sobre nosotras. Sólo con mirar sus ojos color aguamarina ya me sentía tranquila, y aquellos labios suaves acariciando mi alma con el simple roce en mis labios.

Alguien dijo alguna vez que cuando el amor verdadero aparece, es como un canto de sirena.

Aquel día, yo escuché a las sirenas cantar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario