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martes, 6 de junio de 2017

FELICIDAD

Una vez conocí a un hombre que siempre decía que la felicidad es aquello que buscamos sin esperar encontrarlo, pero aun así mantenemos la esperanza de saber que algún día seremos felices. Nunca me di cuenta de la razón que tenía; no porque no podamos ser felices, sino porque hemos vuelto a la felicidad algo inalcanzable. Y a veces, mientras nos devanamos en búsqueda incesante de ese sentimiento, nos sentimos felices por momentos, momentos en los que hemos olvidado la búsqueda, para sentir el viento. Porque a veces, no nos damos cuenta de que la felicidad no depende de lo que nos digan, ni de lo que nos pase, sino de lo que nosotros queremos y lo que sentimos. Que la felicidad puede estar simplemente en una sonrisa, si esa sonrisa es de verdad y ser capaces de ver que nuestra felicidad depende de encontrar el camino correcto y seguir el sendero una vez estemos en ello. Y es que al fin y al cabo, nuestro problema siempre ha sido, que buscamos la plenitud en todo lo que hacemos, sin pensar que quizás, la serenidad también nos sirve al menos; que la felicidad es estar sereno, y no es estar pleno, porque la plenitud es un estado tan abstracto que muchos, ni siquiera conocemos.

La felicidad podría explicarse como ese objeto que ansiamos encontrar, que buscamos sin descanso, en uno y otro lugar, pero nunca encontramos, y lo tenemos delante. Nos hace falta que venga otra persona a avisarnos de que lo tenemos, de que llevamos un rato viéndolo frente a nuestros ojos, sin ser capaz de cogerlo... Lo mismo ocurre con este sentimiento. Nos empeñamos en buscarlo, a pesar de encontrarse delante de nosotros, y sólo nos damos cuenta de que fuimos felices cuando alguien ajeno nos avisa; resulta tan triste y es sólo porque somos almas ciegas buscando leer un idioma que hace siglos hemos olvidado.

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