No quiero ser tu fuego, no quiero ser tus sueños, no quiero nada de ti. No lo quiero, porque no me lo he ganado, porque he sido el desastre que te ha martirizado, porque me paso el tiempo encerrada en ti. Porque mi cabeza se volvió una encrucijada y te creí, te creía imposible, impasible y fría, convirtiendo en hielo todo aquello que tocabas, haciéndome sufrir. Pensaba que eras una reina, inalcanzable, con la furia de mil titanes, y resultó que eras mi infierno personal, aquello que me hacía sentir como en una montaña rusa; daba igual como fuese el día, podía estar arriba, y tú me ibas a llevar al suelo, con la fuerte caída de cuanto más alto subas, más molida. Y no importaba nada, cuando me veía reflejada en tus ojos, porque ellos me sostenía, sin saber que en realidad me estabas hundiendo, soltándome a la deriva; me creía que era una diminuta mota de pintura, en un lienzo infinito, lleno de tantos colores, que me asfixiaba en ellos, y resultó que era un gigante, más grande que el universo, que podía aplastarte con solo desearlo pero tú me hiciste creer lo contrario. Pero ahora soy libre, tan libre como el viento y sé, tengo muy claro, que puedo contigo, contigo y con cualquiera que lo intente, cualquiera que intente atarme al infierno, que quiera mantenerme bajo tierra, cualquiera que me asfixie con sus manos o me deje ciega. No importa cuánto me hagáis callar, ni cuantas veces me queméis la lengua; no importa cuántas veces me ceguéis con vuestra luz ni vuestro fuego eterno; no importa si me dejáis sorda y ciega. Nadie podrá hacerme callar, ni siquiera el universo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario