He andando caminos
colmados de áridas tierras
y no he visto más
que infinita tristeza.
He navegado mil ríos
de gélidas aguas enfermas
y no encontré cariño
ni calor que le suceda.
He visto talar arboledas
con el dolor del hacha
cortando sus venas.
He oído al viento aullar
entre cuevas mineras
y el lúgubre cementerio
entre yermas praderas.
He observado al volcán llorar
en un bosque de espesura negra
con lágrimas por lava
y cenizas por cabellera.
He visto el sol brillar
en una enorme pradera
y a mí, apacible,
en una tumba negra.
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