Llamaron al timbre y les abrió un hombre mayor de cabello canoso.
-Pasad, pasad.-dijo sonriendo.-El salón está a la izquierda.
Pasaron con cierto miedo a la casa. Era todo sorprendente, no tenía nada que ver el exterior con el interior. Estaba decorada con muebles victorianos casi toda la casa, pero se dieron cuenta que el salón era una réplica del renacimiento italiano más aristócrata, quizás el hombre fuese italiano y todo ello proviniera de su familia. Allen observaba toda la estancia con renovado asombro, mientras que Meredith y Lauren miraban con recelo el sofá, como si no fuesen a estar cómodas en algo tan lujoso y antiguo.
-Venga, sentaos, no tengáis miedo.-dijo el hombre al entrar en la sala.-Bueno, mi nombre es Klaus. Tengo un negocio que ofreceros, quizás no sea un negocio demasiado limpio, pero si trabajáis para mi nunca os faltará la comida ni un baño caliente y una cama para dormir. Lo primero que tendréis que hacer si aceptáis es trasladaros a vivir conmigo. Pero claro, primero querréis saber de que se trata ¿no?
Asintieron al mismo tiempo, cada vez su desconcierto crecía más y más.
-Bueno... Quiero que os convirtáis en camellos. Necesito alguien capaz de llegar a los jóvenes de vuestra edad sin que sospechen los demás. Es arriesgado, sí, pero considerando que sois jóvenes inteligentes, tendréis muchas escapatorias cuando haya problemas. Bueno, ¿qué decís?
Meredith y Lauren se miraron levemente. Se habían planteado de tantas formas que trabajo podría ser que jamás hubiesen esperado la venta de drogas, siendo ese el más común entre los que no tienen dinero. Miraron a Allen, que tenía la vista fijada en una escultura egipcia, sobre la mesa. Ninguno sabía que responder.
-Os dejaré un tiempo para que lo penséis, estaré en la cocina. Avisadme cuando lo tengáis claro-tras eso salió dejándolos solos con sus dudas.
El silencio era denso, muy denso, se podría cortar con un cuchillo. Hasta que Allen lo rompió.
-Yo digo que aceptemos.-fue una sorpresa para las chicas, ya que él debía ser el racional. Ante sus caras de incredubilidad, razonó.-Necesitamos el dinero y necesitamos comer, pensarlo. Viviremos aquí, y pagaremos nuestra estancia vendiendo drogas.
Tal y como lo ponía, incluso parecía un buen plan de vida. Al final estuvieron de acuerdo en hacerlo. Como si hubiese estado escuchando, Klaus entró en la sala.
-¿Y bien? ¿Qué habéis decidido?-preguntó.
-Aceptamos.-dijo Meredith con voz firme.
-Perfecto.-sonrió Klaus.-Bueno, vamos a recoger vuestras cosas para el traslado.
El resto de la mañana lo ocuparon en llenar bolsas de basura con ropa y objetos para trasladarlo a su nueva casa, no echarían de menos aquella pocilga de vivienda que seguramente no aguantaría otro invierno. Las habitaciones, pensó Allen, le recordaban mucho a su antiguo hogar, pero ya no quería seguir con eso, aquella sería su nueva casa y debía olvidar su mancillado y horroroso ex-hogar. Estaba claro que no se refería a la casa donde había pasado la noche, si no a donde había crecido estos últimos veinte años. El hogar que sus padres le dieron y él no supo aprovechar al máximo.
-Bueno, por fin hemos acabado, aunque tampoco había demasiadas cosas.-comentó Klaus. Sus ojos azules brillaban con ilusión, realmente parecía una persona que se sentía muy sola. Quizás sólo buscaba compañía y tomaba como excusa el trabajo. No podían saberlo.-¿Tenéis hambre? Es la hora de comer. Venga, vamos a celebrarlo. Os invito a comer fuera.
-Pero... Si todavía no hemos trabajado ni nada.-dijo Lauren.
-Bah, cosas sin importancia.-respondió Klaus.-Iros a vestir con las mejores ropas que tengáis. Esta tarde iremos a comprar ropa.
Allen observó que Klaus se sentía como un padre con sus hijos de vuelta, se le veía muy feliz, bastante diferente a cuando esta mañana se había acercado a ellos. De todas formas, tampoco quería darle muchas vueltas al tema y se fue a vestir. Cogió los vaqueros que llevaba ayer, que ya estabas limpios, y una camisa blanca, encima colocó su sudadera. Eran las mejores ropas que tenía, con las que había salido de casa la tarde anterior. Una vez estuvo maqueado, bajó al vestíbulo, donde Meredith le esperaba con bonito y sencillo vestido violeta. Era de mangas caías hasta las muñecas y hombros al descubierto, totalmente liso, sin dibujos ni encajes. Le quedaba muy bien.
-Estas muy guapa.-dijo Allen al verla y sonrió.
-G-gracias...-murmuró ella.-Tu pareces un desastre, como ayer.-luego rió levemente. Una risa parecida a las campanillas tintinear.
Allen no pudo molestarse por ello, aquella risa le ensimismó de tal forma que no pudo evitar sonreír.
-Ya estoy.-dijo Lauren bajando las escaleras. Llevaba el vestido verde desgastados que tenía puesto la vez que se conocieron.
Klaus les dio su aprobación aunque seguía murmurando algo de ir de compras más tarde.
Les llevó a un restaurante italiano de cierto nivel económico, y ellos desearon tener mejores ropas en ese momento, pero claro, no podía tener nada mejor de lo que llevaban.
-¿Mesa para cuatro, signore?-preguntó el mesero.
-Si, per favore.-respondió Klaus mientras nos dirigían hacia una zona especial. Seguramente nuestro nuevo "papa" frecuentaba bastante este lugar. Dejaron que él pidiese, ya que estaban demasiado asombrados con el decorado victoriano que tenía el restaurante. Todo tan bonito, tan perfecto, parecía un sueño.
-Bien, chicos.-les interrumpió Klaus.-¿Donde os gustaría comprar después?
-Eeeeh...-Lauren miró a Meredith de reojo.-Nosotras nunca hemos comprado en una tienda de verdad.
-Por suerte, yo si he ido.-dijo Allen.- Vayamos al Gesundbrunnen-Center.
-Buena elección, muchacho.-sonrió Klaus.
Les trajeron los platos de comida. Devoraron con ansia pero decidieron retardar un poco porque quedaba muy mal hacer eso en un restaurante. Les estaba tan bueno... Parecía que no habían comido en años.
Una vez finalizaron la comida, y hubieron pagado la cuenta, Klaus pidió un taxi que les llevase al centro comercial. Estaban a punto de tener la más increíble tarde de compras que nunca hubiesen visto, solo que ellos no lo sabían.
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