Klaus se había suicidado.
No podía ser, no podía, había algo que tenía que fallar ¿por qué se había suicidado? Él era feliz, entonces ¿por qué había hecho esto? ¿tan malos hemos sido en los malos momentos? ¿no estuvimos con él cuando nos necesitó? Todo eso pasaba por la mente de Lauren en un instante, no podía creerlo, sentía como si su corazón se rompiera en mil pedazos... Su visión estaba borrosa por las lágrimas, pero pudo ver como Allen cogía un papel al lado de la silla. Era color tostado, doblado en varias partes y un motivo curvado.
-Chicas...-susurró Allen.-Ha dejado una carta.
-Léela.-dijo con voz temblorosa Meredith.
"Queridos Allen, Meredith y Lauren:
Estos meses atrás han sido los mejores de mi existencia, muchas gracias por todo lo que habéis hecho. Habéis traído la felicidad a mi casa cuando pensé que nadie lo conseguiría. Prometo que no he pasado mejores momentos en mi vida que los séis meses desde que os conocí a vosotros, sois lo más parecido a una familia que tengo, aunque no me merezco todo el amor y el cariño que me habéis dado, creo que no he sido lo suficiente bueno con vosotros, o quizás no he aprovechado todo lo que debería de vuestra compañía. Quise pediros que dejarais el trabajo, que era demasiado peligroso para vosotros, pero seguramente no me haríais caso, os sentíais en deuda conmigo cuando nadie está más en deuda con vosotros que yo, que me habéis dado vida. Debéis odiarme ahora mismo, lo sé, os he abandonado, soy un mal padre, pero nada de lo que ha pasado se puede cambiar ahora ni de lo que iba a pasar tampoco. No podía contároslo, ni siquiera yo lo creía, pero hará unos meses atrás me dieron las pruebas del diagnóstico que me hice hacia ocho meses. Tengo cáncer. Un tumor cerebral tipo IV, sin cura posible. No me daban mucho tiempo de vida, unos dos meses más a lo sumo, no quería que me vieseis sufrir y que sufrierais vosotros también por mi culpa, no quería cargar a nadie para cuidar a una persona que se muere lentamente y que no podrá salvarse aunque los médicos lo intenten. Por eso, lo siento muchísimo. Allen, siempre has sido como un hijo para mi, espero que puedas cuidar de Lauren y Meredith ya que yo no estaré para hacerlo; dejé unas cuentas a nombre de cada uno con dinero suficiente para muchos años hasta encontrar un trabajo, ojalá pudierais dejar el mundo de las drogas antes de que sea demasiado tarde, de verdad que lo agradecería. Meredith, por favor, sigue tocando el piano, en el salón dejé el folleto de un buen conservatorio en Berlin, donde me gustaría que estudiaras, todo está listo y hablado, solo necesitan tu matrícula, lo demás está pagado. Lauren, sabes que siempre fuiste mi favorita, perdóname por no haberte contado antes lo del cáncer, pero quería que vivieras tu vida sin preocupaciones, no que estuvieras cuidado a un viejo como yo porque no me quedaba mucho tiempo. De verdad, lo siento.
Ojalá podáis perdonarme algún día, no quise dañaros, nunca lo quise.
Klaus."
Se quedaron en silencio, sin saber que hacer, aquello les venía grande, pero no sabían que decir, tan solo no tenían palabras para lo que se les había venido encima sin quererlo. Cáncer. Esa una palabra que cuesta hasta pensarlo, ya ni te digo pronunciarla, era tan fuerte como cuando un niño pequeño dice una palabra que no debe, te queda grande. Y aquello les quedaba muy grande, tan grande como pequeños se sentían en ese instante, pequeños, perdidos, sin un lugar al que ir. No sabían si podía quedarse, o tendrían que irse para siempre, Klaus no decía nada de aquello. El arrepentimiento les vino encima, la culpabilidad era enorme, ¿por qué no habían notado que se estaba apagando? Se sentían demasiado egoístas como para culpar unos a otros, sólo podían pensar que ojalá pudiesen perdonar todo el dolor que Klaus sentía y que nadie había intentado paliar. Ojalá pudieran, de verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario