Si las palabras te queman en la garganta, como fuego helado del averno, escribelas. Si brotan de tu pecho como mariposas aleteando en un frío invierno por su supervivencia, entonces escribelas. Si la pasión sale de tu cuerpo, incontrolable, como un torbellino insaciable, entonces, debes escribirlas. Si las palabras te aprisionan en el pecho, asfixiándote, sin remedio; si notas que te falta el aire que respiras, si no puedes vivir sin ello, escribe, por favor, escribe tu pasión.
Pero si pasas horas delante de un folio o una pantalla sin escribir, no lo hagas. Si las palabras no brotan de tu interior como manantiales eternos, no lo hagas. Si alguna vez te has quedado sin palabras, sin algo que decir, has perdido tu infinitud, entonces no lo hagas. Si eres incapaz de escribir con los cinco sentidos, no sabes escuchar el viento, no puedes sentir la vida, por favor no escribas. Si no sabes usar el alma en cada verso, cada palabra escrita, cada lágrima derramada en la eterna constancia del tiempo, entonces, por favor, no escribas.
Porque ser escritor implica ser infinito, eterno, conocer los mil y un mundos existentes, sólo conociendo la vida a través de la mirada de un escritor podrás saber lo que es realmente. Y por ultimo, si no estas locamente enamorado, perplejo de pasión, amante infinito de lo que esconde un escrito, entonces de verdad no escribas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario