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sábado, 22 de febrero de 2014

Other night.

Un, dos, tres, respiras hondo, cuatro, cinco, seis, la cuchilla sobre tu piel, siete, ocho, nueve, aprietas levemente, diez, comienza la autodestrucción. Otra noche más, sientes la sangre correr, otra noche más el dolor se extiende por tu cuerpo sin parar, pero es placer, no es un dolor malo, sino intenso, un dolor que demuestra que estás vivo.

No puedes parar de cortar tu piel, una y otra vez, con un patrón repetitivo, como quien toca un violín. Su cuerpo, el instrumento, su brazo, el mástil, y la cuchilla, su arco. Todo continua de esa manera, mientras se tiñe de rojo todo, pequeñas gotas caen la suelo, manchando la madera de carmesí. Y las sábanas antes blancas, dejaron de serlo hace rato, quizás haya demasiada sangre, quizás te has pasado aunque en el fondo sabes que no, que nunca es suficiente, nunca te pasas, siempre terminas siguiendo un día más.

Aquella noche no sería un excepción.

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