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lunes, 19 de mayo de 2014

Melodía suicida.

Ella despertó gritando otra vez, entre escalofríos, temblores, nervios y sudores fríos. Las lágrimas vuelven a rodar por sus mejillas por culpa de las pesadillas, ya no puede más.

Enciende un cigarrillo en el balcón, con los ojos inundados de recuerdos, y la boca llena de dolor. Esos labios rotos, cortados, sangrantes de morderlos, de morderse para callar, de sufrir en silencio.

El cigarro entre sus labios rotos, doloridos, expulsando lento el humo que se arremolina entre sus ojos, huyendo por las calles de Florencia. Que los recuerdos vienen hacia ella en lágrimas transformados y brotan en su pecho como si de un mar se tratase, inundándolo todo, sufrimiento eterno.

Se consume su interior más rápido que su cigarro, con el miedo de si acaba el humo, soltara el último suspiro de su alma.
Y el pianista eterno de madrugada, tocando su triste melodía, parece que tocase una nana sólo para ella, como cada noche, cada madrugada que ella pasa despierta, manteniéndola unida  a la vida mediante la triste sinfonía de un pianista suicida.

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