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domingo, 20 de diciembre de 2015

No estás sola.

No estás sola
            Llevo observándote desde el primer día que te vi. Creo que no sabes lo bonita que es tu sonrisa, lo preciosa que estás cuando te ríes, y lo guapa que eres. Está claro que no lo sabes, porque hace tiempo que no sonríes, ¿crees que no me he dado cuenta? Siempre te miro, siempre me fijo en ti, eres lo que cada mañana me hace levantarme, me das la fuerza para seguir. Pero me hierve la sangre cada vez que veo esas marcas, esas heridas en tu cuerpo, eso que tú intentas ocultar. Cada vez que me fijo en tus lágrimas, en tus ojos hinchados, en tus ganas de morir. No creas que no lo he notado, que no he visto el miedo en tu mirada, cada vez que un hombre se te acerca, cada vez que queremos ayudarte, tus ganas de gritar, tus ojos asustados, el horror en tu rostro.
            Un día, te seguí, no creas que soy un acosador, nada de eso. Te seguí porque necesitaba saber que te ocurría, que podía sucederte. A veces todavía me arrepiento de haberlo hecho, porque quizás sólo empeoré las cosas. Vi a tu marido, ese hombre que debería hacerte feliz, que debería hacerte sentir que estás en la cima del mundo, pegándote. Vi como te levantaba la mano sólo porque habías llegado tarde y te pegaba sin ninguna razón. Como te insultaba, y tú te quedabas quieta, llorando, en el jardín de tu casa, sin poder hacer otra cosa que callar. Quería salir de donde estaba y meterme en medio, quería hacer algo para evitar que eso siguiese ocurriendo, pero me quedé paralizado. Fui un cobarde, preciosa, un maldito cobarde que no fue capaz de evitar que te hiciera daño.
            Cada día tus moratones aumentan, y te cuesta más ocultar las palizas, ¿crees que quienes nos encontramos en tu entorno nos creemos que te has golpeando contra una puerta o que te has caído por las escaleras? No, no lo hacemos. He oído como te dicen que debes pedir ayuda, pero tú niegas saber de que hablan. Esbozas una falsa sonrisa y te vas por dónde has venido. ¿Por qué vas a sufrir de forma inútil? Él no es tu dueño, tú no le perteneces, las personas no pertenecemos a nadie, no deberías dejar que te controle.
            Llevas varios faltando al trabajo, y decidí preguntar, para enterarme de que estabas en el hospital. Fue un golpe muy duro para mí, así que lo primero que hice después fue ir a verte allí. Te llevé flores para que te pusieras bien y no hiciste otra cosa que llorar. Cuando vi a tu marido allí, fingiendo que te quería, me dieron ganas de gritarle todo lo que se merecía, pero me quedé callado, otra vez, lo siento mucho. No pude.
            Tras un tiempo sin heridas, después de un periodo en el hospital y varias semanas sin sufrir, otra vez vuelves a estar triste y otra vez vuelves a tener moratones. Todos hemos hablado contigo, y te has puesto a llorar, diciendo que no puedes, que tienes miedo. No debes tener miedo, quizás sólo somos niños de seis años, pero te queremos, eres nuestra profesora y tienes muchos compañeros que te apoyan y te quieren y te van a ayudar. Nosotros queremos que veas que puedes alejarte de ese cabrón que tienes como marido, que todo va a salir bien.

            Con la violencia de género, no hay que tener reparos, no se puede permitir, ninguna víctima está sola, porque como ella hay muchas más, y detrás hay millones de personas dispuestas a apoyarle. Si necesitas ayuda, búscala, no te quedes parada, no permitas que te quiten tu personalidad, no permitas que te anulen como persona, no te conviertas en objeto, plántale cara y pide ayuda. No estás sola

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